Una tradición ancestral de los Ede adaptada a la vida moderna

(VOVWORLD) - “Jue nue” (en español “Unir cuerdas”) es una costumbre arraigada entre los Ede que consiste en la continuidad matrimonial cuando uno de los esposos muere. Según esta tradición, una mujer tiene el derecho de casarse con el hermano de su esposo fallecido en segundas nupcias, y de igual modo, un hombre también puede volver a contraer matrimonio con su cuñada cuando su esposa pasa a mejor vida. Hoy en día, esta tradición ancestral aún se practica en dicha comunidad étnica de las Tierras Altas centrales de Vietnam, pero con adaptaciones a los tiempos modernos.

Por desarrollarse en las zonas montañosas y apartadas, la vida de los Ede solía depender casi completamente de la naturaleza. En su ardua lucha contra calamidades y enfermedades y en su afán por proteger la aldea y sus familias, les resultaba muy importante conservar la raza y la fuerza laboral. La práctica “Jue nue” era para ellos sinónimo de supervivencia de las buenas castas. Sociedad matriarcal por excelencia, en esta comunidad las mujeres son las que toman las decisiones importantes y administran la economía familiar. Por eso, una puede pedir que un hermano de su marido asuma el papel de este último cuando muere. Mientras, un hombre debe unirse con una hermana o una prima de su esposa fallecida en segundas nupcias. Estas personas se llaman “nue” y su misión radica en mantener vivo el matrimonio y cumplir las tareas del fenecido.

Una tradición ancestral de los Ede adaptada a la vida moderna - ảnh 1Una pareja Ede en su boda (Foto: Internet) 

Al referirse a esta costumbre, Nguyen Cao Thien, un investigador de la cultura folclórica de Vietnam explicó: “Los Ede consideran a su familia como “hru mdao”, es decir un “dulce hogar”, donde comparten juntos alegrías y tristezas. Se compara a los padres con la fuente de vida y el sostén de sus hijos. Por ende, según la tradición es muy importante encontrar a alguien que pueda sustituir al fallecido o a la fallecida para continuar criando y educando a los pequeños junto a su progenitor”.

Además de actuar como un pilar espiritual para los hijos que han perdido a su padre o a su madre, los “nue” los crían y los cuidan e igualmente se encargan de gestionar la tierra y la fortuna familiar, así como de mantener estable la vida matrimonial y las buenas relaciones cultivadas entre las dos familias. Quizá por esta razón, esta práctica es reconocida por toda la comunidad y seguida por todos sus miembros de modo voluntario.

De hecho, en el reglamento comunitario se establece que “las vigas rotas de la casa tienen que ser sustituidas por otras, al igual que el piso desgastado debe ser cambiado por otro. Cuando uno muere, los vivos deben unir su vida con otra persona”. Sin embargo, existen algunas excepciones. Por ejemplo, si hay una gran diferencia de edad, el mayor tiene la responsabilidad de cuidar y ayudar al otro y esperar hasta que pueda asumir su tarea asignada. Asimismo, en el caso de que el viudo sea demasiado viejo o esté muy mal de salud, debe buscar a otra persona para capaz de desempeñar el rol de esposo para la “nue”.

Hoy en día, se ha modificado bastante esta práctica en conformidad con los tiempos que corren. El elegido o la elegida tiene toda la libertad de rechazar ser “nue” si no le conviene esa relación. Si es así, puede adoptar a los niños para ayudar al hombre o a la mujer viudos a buscar de nuevo la felicidad conyugal. En caso de que encuentre pareja, la fortuna y los niños se quedarán con la familia del fallecido o de la fallecida. Nguyen Trong Hung, un estudioso de la cultura étnica de Tay Nguyen destacó: “Los locales son los que deciden si siguen o no esta práctica. Uno sabe si necesita ese apoyo en su vida o para su familia y debe expresarlo para recibir la respuesta correspondiente”.

En realidad, el mantenimiento y la protección del matriarcado de los Ede no solo se manifiestan en la costumbre “Jue nue”, sino además en las relaciones entre las miembros de una familia y sus hijos. Una mujer siempre considera a los vástagos de sus hermanas como a sus propios hijos, y si es elegida “nue” los cría y atiende con toda devoción. Por eso, aceptar ser “nue” es una decisión sincera que muestra la dedicación hacia los más desafortunados.

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