Hue, distinta en la despedida, idéntica en el regreso

Por José Llamos Camejo (exclusivo para La Voz de Vietnam)


Hue, veinticinco de Octubre. Si pudiera robarse a la ciudadela, si pudiera cargarla y llevarla con él de regreso, el visitante lo haría; su quimérico deseo se acrecienta cuando el avión está a punto de iniciar el despegue. En breves minutos Hue será un lienzo de luces y sombras que caben en una mirada, son las 8 y 55 de la noche; a esa hora la urbe es idéntica y diferente; el viajero no logra verla tal como es: única, encantadora, enigmática, hospitalaria.

Hue, distinta en la despedida, idéntica en el regreso - ảnh 1
El Palacio Real de Hue parece más misterioso en la noche

Desde lo oscuro, desde lo alto, cambia la percepción. Cerca de las nubes el forastero no puede respirar el perfume del río, ni el aroma exquisito de la cocina imperial, ni escuchar la melodía fascinante que lo extasió a bordo de un yate anclado en el Song Huong. Todo eso falta allá arriba; todo se extraña.

El manto nocturno desfigura el entorno, desdibuja el paisaje, desvanece cada detalle de la pintoresca ciudad que se desnudó ante el viajero, para mostrarle su corazón amistoso, sus construcciones antiguas y amuralladas, sus jardines y puentes, sus historias de palacios y reyes.

Imposible repetir el disfrute de la tarde anterior, cuando el avión se aproximaba al enclave; entonces asomaron los primeros indicios de una insólita arquitectura estampada magistralmente en la espléndida geografía, hasta semejar un cuadro a relieve. Tal creación pertenece a la naturaleza y al hombre: madre natura y los vietnamitas moldearon un contraste asombroso, un paisaje de ensueño.     

Hue, distinta en la despedida, idéntica en el regreso - ảnh 2
El tranquilo y romántico río Huong (de los Perfumes) 

Allá abajo está la comarca de altares y  espacios verdes, bifurcada por un río de trayectoria sinuosa y belleza espectacular, cuyas aguas discurren como en perpetua solemnidad; toda la calma de Asia, toda la memoria de Hue parecen transitar por el cauce legendario del Song Huong, escenario de audaces aventuras patrióticas que los vietnamitas no olvidan; tampoco los galos, y mucho menos los gringos.

Templos emblemáticos y construcciones modernas reposan entre parques y edificios antiguos, decorados hasta la perfección, para orgullo y disfrute de sus más de 300 mil habitantes; todo un pueblo emprendedor e ingenioso, arropado en una historia ejemplar.   

Pero esta vez, al interponerse entre los sentidos y la formidable congregación de inmuebles, fuentes, jardines, bosques tupidos, tumbas dinásticas y monumentos elevados a la categoría de Patrimonio Mundial; la distancia y la noche niegan el privilegio de contemplar esa maravilla.

 

Hue, distinta en la despedida, idéntica en el regreso - ảnh 3
Una vista de la ciudad de Hue desde arriba en la oscuridad

El avión se aleja. Consciente de que sobrevuela un tesoro, una reliquia ancestral, el viajero insiste con la mirada; entonces descubre que Hue ha vuelto a cambiar su apariencia: de crucigrama lumínico con rasgos indefinidos, la urbe deviene un nostálgico parpadeo de luces artificiales remotas, minúsculas, imperceptibles casi; se ha extinguido el contacto visual con el paisaje nocturno; es el adiós, y al mismo tiempo el regreso de la antigua capital vietnamita.

Ya no es la otra, es ella misma: única, encantadora, enigmática, hospitalaria; la ciudadela imperial recaló en la memoria; el recuerdo la despojó de su nocturno antifaz; Hue vuelve a ser el cuadro a relieve, el contraste asombroso, la mágica geografía. Ya no hace falta mirarla a través de la ventanilla; el forastero pudo cargarla, robársela, llevarla con él. (CONTINUARÁ).

Noticias Relacionadas

comentar

JUAN D.

Preciosa la imagen del Palacio Imperial iluminado, la belleza artística muy antigua, agrandada por la moderna tecnología y la iluminación, que resaltan su belleza en toda su grandiosidad. Hue es un tesoro... Más

Otros