Veterano estadounidense de la guerra en Vietnam: “pido perdón a los vietnamitas”

Confesiones del pacifista estadounidense Bill Hackwell, veterano de la invasión a Vietnam.

Antes de preguntarle nada, y aún, sin que él empezara a responder, recibí su primera revelación, -acaso la más convincente-. Y es que, cuando se trata de hablar de Vietnam, el rostro, los gestos, los ojos y hasta la manera de pestañear de este hombre, dicen más que diez mil palabras.

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Bill Hackwell opina que la exigencia por compensar a Vietnam no es más sólida en los EE.UU, porque en ese país la juventud está diseñada para no preguntar ni cuestionar sobre los errores de sus gobiernos 

Percibí la angustia que lo acompaña, - herencia cruel de un episodio brutal-. Agredir a un pueblo que no le hizo ningún daño a los Estados Unidos, ¿acaso se habrá trocado en una pesadilla perpetua? No se lo pregunté ni me lo dijo durante el diálogo breve; en cambio, pude leerlo en la amargura de su mirada y en el tono de sus palabras, que, por demás, me parecieron sinceras.

Han pasado más de 40 años, y Bill Hackwell aún no ha conseguido olvidar el drama de su incursión por el pequeño país del sudeste asiático, a donde lo condujo la presión y el engaño de su gobierno. La destrucción y los bombardeos pesan toneladas en la conciencia de mi interlocutor; el recuerdo de aquellos días ingloriosos, golpea como un látigo su memoria.

Más de una lección le dejó la nefasta experiencia, y él no deja de aprovecharla. Aprendió que la naturaleza de la guerra niega la naturaleza del ser humano. Y esa creencia explica su integración a un ejército nuevo, con un propósito noble. Bill figura entre los sesenta norteamericanos involucrados en la expedición de más de doscientos pacifistas del mundo, que llegaron hasta la provincia cubana de Guantánamo a principios de mayo del 2017, para asistir al V Seminario Internacional por la Paz y contra las Bases Militares Extranjeras.

El diálogo con el veterano de la guerra de Vietnam sobrevino en el intermedio de una de las sesiones del evento, que tuvo lugar en el teatro de la Universidad guantanamera de Ciencias Médicas. “Fui a la guerra por voluntad propia, lo admito, pero fui engañado por mi gobierno; yo era muy joven, me dijeron que iba a Vietnam a luchar por la libertad y la democracia, y lo creí”.

 “Cuando llegué a Vietnam me destinaron a la segunda sección de las fuerzas norteamericanas desplegadas en Phu Cat”, detalla con tono desgarrador; “desde el inicio me involucré en operaciones militares sucesivas que iban destruyendo al país sistemáticamente, estábamos haciendo algo muy diferente a lo que antes de salir de los Estados Unidos me habían dicho que sería mi misión”.

“Allí mismo empezaron mis dudas; me di cuenta que estaba siendo partícipe de algo que no compartía ni entendía; a la par de la destrucción íbamos envenenando químicamente al país, aquello no tenía sentido para muchos de nosotros; era un absurdo; y como yo, muchos se sintieron engañados, manipulados, decepcionados; habíamos caído en una trampa; nuestra propia trampa”.

Le comento que todavía los vietnamitas son víctimas de artefactos explosivos norteamericanos que quedaron sin detonar en Vietnam, y que cada año nacen nuevas víctimas de los más de 80 millones de litros del agente naranja, arrojados en suelo anamita por el ejército norteamericano. Entonces Hackwell aclara que “En los Estados Unidos se dice que el volumen del agente naranja vertido sobre Vietnam supera los 200 millones de litros” y agrega que la cuarta parte de los suelos vietnamitas fueron esterilizados por esa sustancia.

Entonces le menciono el dictamen reciente de un tribunal, que declaró culpable de ecocidio en Vietnam a la empresa estadounidense Monsanto. Bill me escucha con atención, yo prosigo; añado que en el 2009, un Tribunal Internacional de Conciencia concluyó que “el gobierno estadounidense y las compañías productoras deben asumir la responsabilidad de las graves consecuencias del uso de sus productos letales, lo que es un genocidio ambiental, y estableció que deben compensar a las víctimas y descontaminar el suelo y las fuentes de agua”.

“Realmente han hecho muy poco por asumir su responsabilidad, y mucho por evadirla”, recalca mi entrevistado, y agrega que la compensación a las víctimas, y el apoyo directo para descontaminar las áreas afectadas en suelo vietnamita, son parte de los reclamos del movimiento Veteranos por la paz”, del cual forma parte él.

Si ahora mismo se encontrara frente a los vietnamitas, ¿Qué le diría?, le pregunto.  – “Creo que lloraría de vergüenza y dolor; me disculpo sinceramente con ellos por todo el sufrimiento que les causamos; eso nunca debió suceder. Nosotros también sufrimos. En esa guerra sin sentido murieron entre dos millones y tres millones de vietnamitas, y más de 50 mil compatriotas míos, las madres y las familias de ambos pueblos sufrieron la pérdida de sus seres queridos”.

Una voz anuncia que en breve se reanudará la sesión de trabajo; Bill Hackwell mira su reloj; no logro descifrar el sentimiento dibujado en su rostro; no sé si tal expresión denota amargura, impotencia, dolor o arrepentimiento; tal vez ni él mismo lo sabe. Me mira, lo miro, y otra vez la revelación sale de los gestos, de la mirada, del rápido pestañear de este hombre que de algo se muestra seguro: “jamás volveré a participar en ninguna acción guerrerista”.

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