
Peregrinar a las pagodas en el primer día del año nuevo lunar es
una arraigada costumbre de los vietnamitas
El primero de enero de este año, regido por el Dragón según el calendario lunar, llega con buen tiempo y un sol ligero que despeja el crudo frío del año anterior. En las calles no se ven muchos vehículos y personas, sin embargo, los templos, las pagodas y casas comunales están llenas de gentes. Desde ancianos hasta niños, desde vendedores de ofrendas hasta fieles, todos abogan por un venturoso año con mucha salud, éxito y felicidad.
Se puede visitar las pagodas en cualquier día del año, pero los vietnamitas prefieren el primer día del año nuevo lunar porque creen que precisamente en este momento de tránsito entre el año viejo y el nuevo se produce la máxima armonía entre cielo y tierra, y las divinidades y sus antepasados bendecirán los sinceros sentimientos y les ayudarán a cumplir sus deseos. Entre el humo de los inciensos, las campanadas y los rezos que purifican el espacio, las inquietudes y pesares parecen despejarse, para que todos se entreguen en cuerpo y alma al Señor Buda.
Los visitantes preparan ofrendas compuestas por frutas, dulces, arecas y beteles en una pequeña cuenca, y algo de dinero en menudo. Hay quienes acuden a la pagoda sólo para venerar al Buda sin bandeja de ofrendas, pero casi todos aportan alguna recaudación a las urnas de donaciones. Lo más importante es la sinceridad de cada uno en la oración. El monje maestro Thich Thanh Nha, responsable de la pagoda Tran Quoc, en Hanoi, indica: “Las ofrendas generalmente son frutas, dulces, inciensos y velas… según la voluntad de cada uno, menos comidas cárnicas. El ofrecimiento debe ser el más puro.”

Rezan por las bendiciones del Buda, expresando su sinceridad y devoción
Ante los altares, los visitantes juntan las manos y rezan con fervor por las bendiciones del Buda para el año nuevo. Algunos oran fluidamente, con ritmo de poesía, otros ruegan según su parecer, pero todos expresan su sinceridad porque así se demuestra su devoción al Buda. Según el monje Thich Thanh Nha, acudir a la pagoda es como llegar a la pureza y la santidad. En su ambiente se despejan los sufrimientos e inquietud de la vida cotidiana, al mismo tiempo, dejan atrás la mala suerte del año viejo en espera de lo novedoso y bueno. Especialmente de esa forma los visitantes creen que están conectando mejor con sus antepasados. El bonzo explica: “El pueblo y los creyentes vienen a la pagoda para pedir bendiciones. Pero lo bueno sería orar y seguir las enseñanzas budistas a la vez, en beneficio de la sociedad y otras personas. Solo así se alcanza la autoconciencia del Señor Buda. Si uno solo reza, sin forjar ni mejorar sus conductas según las doctrinas budistas, el beneficio sería muy pequeño.”
También ofrendan inciensos a la Madre Santa y genios en los templos
La señora Loan, oriunda en Uong Bi, provincia norteña de Quang Ninh, es devota de la pagoda de Tran Quoc y expresó: “Voy a la pagoda para pedir bendiciones al país, a todas las familias y todos los compatriotas de Vietnam. Como budista, quería transmitir las enseñanzas del Señor Buda a los descendientes con el deseo de que sean personas honestas y útiles para servir al país y al pueblo. El día primero de enero lunar suelo ir a la pagoda como una forma para enseñar a mis hijos y nietos. Estos son mis deseos en este día.”
No se sabe si estas peticiones llegarán a lo alto del cielo o no, pero todos creen que después del peregrinaje a las pagodas, sus almas estarán más iluminadas y su vida cobrará mejor sentido. Las pagodas con sus puertas siempre abiertas, el aroma de sus inciensos, sus campanadas y los rezos de los fieles parecen retornar la paz y la tranquilidad al alma. Visitarlas en los primeros días del año nuevo lunar ya forma parte de la vida espiritual, de la costumbre y de la cultura de los vietnamitas, donde expresan sus aspiraciones por la paz, la felicidad y la prosperidad./.
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