El anuncio del presidente Donald Trump se produjo justo antes de que expirara el plazo legal de 60 días establecido por la Resolución de Poderes de Guerra de 1973, que limita la capacidad del presidente para desplegar fuerzas armadas sin autorización del Congreso de Estados Unidos.
Un paso táctico
En una carta dirigida al Congreso, Donald Trump sostuvo que la operación militar había finalizado tras la entrada en vigor de un alto el fuego entre Washington y Teherán el 7 de abril. Según explicó, la decisión no respondió a la presión del límite legal, aunque reconoció que persisten preocupaciones por la capacidad militar iraní.
No obstante, el anuncio ha generado una fuerte controversia en Washington. Legisladores demócratas lo consideran como una maniobra táctica destinada a aliviar la presión jurídica interna y ganar margen para continuar con otras formas de presión sobre Irán.
Compartiendo esa opinión, Katherine Yon Ebright, experta del Centro Brennan, sostiene que el presidente Đonal Trump debía haber obtenido la autorización del Congreso antes de iniciar la acción militar contra Irán. A su juicio, una vez superado el límite de 60 días, la intervención podría considerarse ilegal. Además, subraya que la legislación de 1973 no contempla la suspensión de dicho plazo: “El alto el fuego no detiene el cómputo de los 60 días. Durante ese periodo, la administración norteamericana continuó con medidas como el bloqueo de puertos iraníes, lo que demuestra que el límite legal no se ha suspendido ni ha finalizado”.
Numerosos analistas consideran prematuro afirmar que el conflicto ha terminado, y sostienen que la idea de que declarar el fin de las hostilidades facilitaría un acuerdo rápido aún carece de evidencia sólida.
El 3 de mayo, Irán informó que Estados Unidos respondió a una propuesta de 14 puntos presentada por Teherán para poner fin al conflicto. Sin embargo, el contenido se centra en un cese duradero de las hostilidades actuales, sin abordar el controvertido programa nuclear iraní, tema considerado el principal punto de fricción.
Previamente, Donald Trump había calificado las conversaciones con Irán como “muy positivas”, aunque advirtió que “el país persa no ha pagado un precio suficiente”. Paralelamente, el inquilino de la Casa Blanca anunció el despliegue de la Marina estadounidense para escoltar buques a través del estrecho de Ormuz a partir del 4 de mayo.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha movilizado un amplio contingente, incluyendo destructores con misiles guiados, más de 100 aeronaves, sistemas no tripulados y unos 15.000 efectivos. Para muchos observadores, estos movimientos sugieren preparativos para una nueva escalada más que el cierre definitivo del conflicto.
Estrategias de alto riesgo
El riesgo de un recrudecimiento de las tensiones es cada vez más evidente. El 4 de mayo, primer día de la operación de escolta en el estrecho de Ormuz, se registraron incidentes. En concreto, Irán afirmó haber lanzado misiles contra buques estadounidenses, mientras que Washington aseguró haber destruido varias embarcaciones rápidas iraníes.
Al mismo tiempo, un buque mercante surcoreano fue atacado e incendiado en el golfo, y Teherán reanudó ataques con misiles y drones contra el complejo industrial de Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos, alegando que las acciones “provocadoras” de Estados Unidos desencadenaron estos hechos.
Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio en el Instituto británico Chatham House, destaca que ambas partes están poniendo a prueba la capacidad de resistencia del adversario para obtener ventaja en las negociaciones. Según la experta, Washington confía en que la presión económica obligará a Teherán a hacer concesiones, mientras que Irán apuesta por su control del estrecho de Ormuz y su capacidad para afectar la infraestructura energética regional, presionando así a la economía global.
Vakil advierte que estas estrategias entrañan riesgos significativos. Irán podría enfrentar un colapso económico bajo sanciones, mientras que Estados Unidos corre el riesgo de verse arrastrado a un conflicto prolongado, con consecuencias internas derivadas del aumento de los precios.
Por su parte, Joshua Landis, director del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Oklahoma, señaló: “El mercado bursátil estadounidense se encuentra en niveles récord y el crecimiento económico no enfrenta obstáculos significativos; pero esto se debe en gran medida al auge de la inteligencia artificial (IA) y a la fuerte inversión en este sector. Sin embargo, más del 50% de los estadounidenses no participa en el mercado de valores y la población se ve duramente afectada por el conflicto. Los precios de los alimentos y del combustible han aumentado y seguirán ejerciendo una presión cada vez mayor”.
La volatilidad de los mercados internacionales ya refleja la creciente tensión en el estrecho de Ormuz. El crudo Brent para entrega en julio subió un 5,8%, hasta los 114,44 dólares por barril, mientras que el petróleo WTI estadounidense aumentó un 4,4%, alcanzando los 106,42 dólares por barril.
