A diferencia de los recortes aplicados anteriormente a Afganistán y Yemen, que Washington justificó por el riesgo de que los fondos fueran aprovechados por organizaciones terroristas, en esta ocasión la Casa Blanca ha esgrimido como único argumento la falta de conexión estratégica entre la ayuda y sus prioridades nacionales.

Otros nueve países africanos, entre ellos Etiopía, Sudán y la República Democrática del Congo, continuarán recibiendo asistencia a través de un mecanismo de cooperación recientemente reestructurado con las Naciones Unidas.

El Departamento de Estado afirmó que está “transformando responsablemente los programas de ayuda hacia nuevos mecanismos”.

Según las Naciones Unidas, en los siete países donde Estados Unidos ha suspendido por completo su apoyo humanitario, al menos 6,2 millones de personas se encuentran en situación «crítica o catastrófica».