Sobre la mesa del altar, el oficiante dispone cuidadosamente de cada hoja de papel giang, recortada en diversas formas. En todas las ceremonias espirituales de los Mong, desde las bodas hasta los funerales, este tipo de papel es indispensable, ya que se considera el vehículo que transporta las plegarias y los deseos de paz hacia las deidades.

La aldeana Sung Y Do explicó: “Los Mong elaboramos el papel giang para nuestros rituales y costumbres. Lo utilizamos durante las festividades del Año Nuevo Lunar y en los aniversarios del fallecimiento de nuestros antepasados. Cuando alguien muere, empleamos este papel para rendir homenaje a los ancestros y despedir a quienes han partido”.

Hubo un tiempo en que, en cualquier rincón de la aldea, podían verse mujeres Mong elaborando papel giang en los porches de sus casas. Hoy, solo cuatro familias mantienen este oficio. Además de cubrir sus propias necesidades, comparten sus reservas de papel con los vecinos, como una forma de preservar conjuntamente el legado espiritual que ha acompañado a este pueblo durante generaciones.

Bajo el sol abrasador del mediodía, en el patio de su casa, Phang Y Xi remueve con destreza una tina llena de una espesa mezcla de pulpa de giang antes de verterla sobre un tamiz de malla. El marco cuadrado, tejido con bambú y recubierto de una fina red, retiene las fibras flexibles. Las gotas de agua caen rítmicamente hasta que emerge una superficie de papel amarillento. Aprovechando el sol de la tarde, la septuagenaria extiende cada marco por el patio para su secado.

Phang Y Xi es una de las pocas ancianas que aún mantienen vivo este oficio. Han pasado más de 50 años desde que se casó y se trasladó a esta aldea con apenas 18 años, y sigue trabajando incansablemente con las fibras de giang, la tina de madera y los marcos de bambú. Para ella, cada hoja no es solo el resultado de un arduo trabajo artesanal, sino también un acto de fe destinado a mantener viva la tradición heredada de sus antepasados.

“Cuando termina la temporada de brotes de la planta giang, la cortamos, retiramos la corteza verde y cocemos los tallos con ceniza de cocina durante uno o dos días para ablandarlos. Después, los dejamos en remojo durante una o dos semanas hasta que la fibra se vuelve suave. Luego, machacamos los tallos hasta convertirlos en fibras finas y los mezclamos nuevamente con agua. Vertemos la mezcla sobre el tamiz y la dejamos secar al sol durante uno o dos días. Una vez seca, solo queda desprender la hoja de papel resultante”, dijo Xi.

Entretanto, el joven Phang A Truong recuerda una infancia marcada por los días en que acompañaba a su abuela y a su madre al bosque. Entre sus recuerdos más entrañables figuran las vísperas del Año Nuevo Lunar (Tet), cuando ayudaba a su padre a renovar el altar con papel giang nuevo. El joven relató:

“Durante el Tet, mi padre recortaba el papel giang para preparar el altar y yo siempre permanecía a su lado observándolo. Cada año retiraba el papel viejo del altar y sacrificábamos un gallo grande para consagrar el nuevo. La noche del día 30 del Tet colocábamos el papel nuevo y marcábamos el altar con una pequeña gota de sangre del gallo recién sacrificado”.

Más allá de su valor espiritual, el papel giang se ha integrado en la vida cotidiana de los Mong de diversas maneras: se utiliza como papel decorativo para paredes, en cuadernos y en objetos artesanales de recuerdo. Sin perder su esencia tradicional, hoy se combina con flores y hojas naturales para realzar su atractivo estético.

Orgulloso de la identidad cultural de su tierra, Phang A Truong ha comenzado a difundir esta singular manifestación cultural entre los visitantes. El joven aldeano expresó: “Quiero que los turistas conozcan el proceso de elaboración del papel giang. Les enseño las técnicas para que puedan experimentarlas y descubrir la fascinante cultura de mi pueblo”.

Hoy en día, el papel giang no solo sigue ocupando un lugar esencial en la vida espiritual del pueblo Mong, sino que también abre una puerta para acercar su cultura a visitantes procedentes de todas partes.