La Filmoteca Nacional de Documentales y Ciencias organizó una proyección del documental “Recuperar la infancia a través de los juegos tradicionales”, dirigido por el director Nguyen Quang Dung. Con una duración de 30 minutos, la obra lleva al público de vuelta a algunos de los juegos que acompañaron la infancia de varias generaciones de vietnamitas, como el o an quan (juego tradicional de estrategia), co tuong (ajedrez chino), co nguoi (ajedrez humano), phao dat (petardos de barro) y sao dieu (cometas con flauta), entre otros.

Sin recurrir a efectos especiales sofisticados ni a grandes puestas en escena, el filme apuesta por una narración sencilla y cercana para evocar la memoria, los vínculos comunitarios y los valores culturales que merecen ser preservados. Las imágenes despertaron una fuerte sensación de nostalgia entre los espectadores.

Le Tuan Anh, residente en el barrio de Yen Hoa, en Hanói, comentó: “He podido revivir muchos recuerdos de mi infancia que ahora ya no encuentro en ningún sitio, porque hoy en día Internet está muy desarrollado y prácticamente todas las familias lo utilizan. Me gusta especialmente el ‘o an quan’ porque es un juego que requiere inteligencia”.

A través del o an quan, el documental muestra cómo los niños aprendían a calcular y pensar cada movimiento mientras jugaban con sus amigos. En el co nguoi, el desafío intelectual se traslada a las fiestas populares, donde personas reales representan las piezas y se desplazan siguiendo las órdenes de los jugadores. En el lanzamiento de petardos de barro, un material familiar de la vida agrícola se convierte en un elemento para poner a prueba la destreza de los participantes.

Estos juegos también reflejan la estrecha relación entre las personas, la creatividad y el entorno en el que viven.

Nguyen Viet Su, residente en el barrio de Xuan Dinh, en Hanói, señaló: “Después de ver la película, también descubrí algunos juegos que no conocía, como el lanzamiento de ‘phao dat’ o los juegos tradicionales de los grupos étnicos minoritarios de las zonas montañosas del noroeste”.

Además de la proyección, los niños y sus familias pudieron revivir el ambiente de un tradicional Festival del Medio Otoño mediante actividades como el chuyen (juego de las matatenas con palitos de bambú), el ban bi (juego de las canicas) y el cu quay (juego de peonza), así como la elaboración de farolillos en forma de estrella.

Alrededor de las mesas donde se confeccionaban los farolillos, adultos y niños se reunieron entre varillas de bambú, hojas de papel de colores y tiras de hilo brillante. Unos sostenían el armazón, otros pegaban el papel y algunos se ocupaban minuciosamente de cada detalle. Tareas aparentemente sencillas dieron paso a momentos de cercanía, en los que varias generaciones conversaron, compartieron y terminaron juntas un juguete familiar que forma parte de la memoria de muchas familias.

“Hoy he traído a mi hija para que pueda experimentar y conocer los juegos de antes. En la zona dedicada a los juegos tradicionales hay actividades como el ‘cu quay’ y el ‘chuyen’. Me resultan muy familiares, como si pudiera volver a mi infancia”.

“Es la primera vez que juego al ‘cu quay’. Me parece muy divertido y quiero compartirlo con mis amigos y mi familia”.

Según el artista destacado Trinh Quang Tung, subdirector general de la Filmoteca Nacional de Documentales y Ciencias, responsable de los asuntos artísticos, el programa forma parte del proyecto “Vietnam aún tiene historias por contar”, desarrollado por la Filmoteca en colaboración con BEAT Network.

“Queremos transmitir un mensaje claro: debemos crear las mejores condiciones para que los niños crezcan y se desarrollen. Al mismo tiempo, es importante recuperar y preservar los valores tradicionales. Los juegos tradicionales pueden contribuir a fortalecer los vínculos familiares y la cohesión social, ya que la familia constituye la base de la sociedad”, agregó Tung.

La noche de celebración ha quedado atrás, pero el recuerdo de un farolillo hecho con sus propias manos, de un juego compartido con los amigos o de una película vista junto a sus padres puede permanecer durante mucho tiempo en la memoria de los niños.

Cuando estas experiencias siguen formando parte de la vida cotidiana, la cultura tradicional se transmite de manera natural, de una generación a otra.