El 19 de agosto de 1945 quedó inscrito en la historia de Vietnam como una fecha trascendental. Bajo el liderazgo del Viet Minh y del presidente Ho Chi Minh, el pueblo vietnamita se levantó para conquistar el poder, dando lugar a la victoria de la Revolución de Agosto y abriendo una nueva era de independencia nacional. 81 años después, Vietnam ocupa una posición muy distinta en el escenario internacional, pero las lecciones que hicieron posible aquella victoria mantienen plenamente su vigencia y siguen impulsando el desarrollo del país.

Más que un motivo de orgullo por la conquista de la independencia, la Revolución de Agosto legó una valiosa lección para el presente: movilizar la fuerza del pueblo, aprovechar las oportunidades, fortalecer la autonomía y actuar con determinación para convertir las aspiraciones en realidad.

Aprovechar oportunidades, actuar con decisión y movilizar la fuerza del pueblo

La Revolución de Agosto fue fruto de un largo proceso de preparación. Sin embargo, cuando llegó el momento decisivo, las fuerzas revolucionarias actuaron con rapidez y determinación.

El exministro de Relaciones Exteriores Nguyen Dy Nien evaluó: “La oportunidad fue un factor decisivo. Para alcanzar el éxito en la Revolución de Agosto de 1945, el presidente Ho Chi Minh supo aprovechar el momento en que Japón había expulsado a Francia de Indochina y posteriormente se había rendido ante los Aliados. En ese momento, las potencias aún no habían decidido quién asumiría el control de los territorios coloniales. Se creó así un vacío de poder que Ho Chi Minh aprovechó para liderar al pueblo en la toma del poder y la fundación de la República Democrática de Vietnam”.

Esta lección conserva una especial relevancia en el contexto actual. Las oportunidades de desarrollo surgen de las profundas transformaciones de la economía mundial, los avances científicos y tecnológicos, la transformación digital, la inteligencia artificial y la reconfiguración de las cadenas de suministro globales. La enseñanza de aquel acontecimiento histórico para el presente es clara: identificar las oportunidades, contar con la capacidad necesaria y actuar con rapidez para convertirlas en motores del desarrollo.

Otra gran lección de la Revolución de Agosto es la movilización de la fuerza del pueblo. Fue una revolución de masas, en la que la fuerza de millones de ciudadanos se convirtió en la fuerza de toda la nación. 81 años después, el recurso más valioso de Vietnam sigue siendo su población. Por ello, desarrollar el país no significa únicamente movilizar más recursos, sino, sobre todo, liberar y aprovechar mejor los que ya existen.

Cuando los ciudadanos tienen oportunidades para progresar, las empresas cuentan con un entorno favorable, los intelectuales disponen de espacio para innovar y los jóvenes encuentran oportunidades para desarrollarse, la fuerza de cada individuo puede convertirse en una fuerza nacional.

El abogado Dang Van Cuong, del Colegio de Abogados de Hanói, señaló: “El Partido Comunista y el Estado de Vietnam conceden gran importancia a situar el desarrollo de las personas como criterio para medir el desarrollo. Estamos construyendo un gobierno digital, una economía digital y una ciudadanía digital, avanzando paso a paso hacia una mayor garantía de los derechos de los ciudadanos”.

Situar a las personas en el centro es también una forma de preservar el espíritu de la Revolución de Agosto: la fuerza del país nace de la fuerza de su pueblo, y la aspiración nacional se construye a partir de las aspiraciones de cada ciudadano.

Autonomía para transformar aspiraciones en desarrollo

La Revolución de Agosto abrió una nueva era de independencia para Vietnam. En el mundo actual, ese espíritu se expresa en una mayor capacidad de autonomía y resiliencia. La autosuficiencia no significa aislarse. Al contrario, Vietnam participa activamente en la integración internacional, aprovechando el capital, la tecnología, el conocimiento y los mercados globales. El país se integra profundamente sin caer en la dependencia, se abre al mundo sin dejar de aprovechar sus propias fortalezas y amplía la cooperación sin relegar los intereses nacionales. Así se proyecta, en las nuevas condiciones, el espíritu de independencia del otoño de 1945.

Para convertir las aspiraciones en realidad, Vietnam está impulsando decididamente la renovación, superando viejos límites y eliminando obstáculos en los ámbitos institucional, de infraestructura y de recursos humanos, al tiempo que aprovecha al máximo las oportunidades que ofrece la nueva era.

El secretario general del Partido Comunista y presidente del país, To Lam, subrayó: “Debemos identificar pronto las oportunidades y convertirlas en resultados. No podemos esperar pasivamente a que se den las condiciones favorables ni actuar únicamente cuando los problemas ya se hayan presentado. Debemos tener confianza sin caer en la complacencia, ser audaces sin asumir riesgos imprudentes y actuar con flexibilidad sin abandonar los principios. Debemos ampliar la cooperación y, al mismo tiempo, fortalecer la autonomía estratégica, la capacidad interna y la resiliencia”.

El otoño de 1945 abrió una nueva era para la nación. El otoño de hoy plantea un nuevo desafío: transformar los logros de la independencia en recursos para el desarrollo y hacer realidad la aspiración de construir un Vietnam próspero y poderoso, con resultados concretos para la población. Esa es también la manera más práctica de preservar y transmitir los valores de la Revolución de Agosto y convertirlos en un nuevo impulso para que Vietnam avance con fuerza en la nueva era.