Este acuerdo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su par ruso, Vladímir Putin, coincide con la reunión celebrada en Miami, Florida, entre delegaciones de Ucrania y de varios países europeos para debatir posibles vías de solución al conflicto entre Rusia y Ucrania.

Cálculos electorales

Según los detalles anunciados por Donald Trump y confirmados posteriormente por Moscú, Rusia suministrará a Estados Unidos más de 300.000 toneladas de diésel de forma inmediata, otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón de toneladas en una fase posterior. Trump añadió que Rusia podría aportar otros tres millones de toneladas a corto plazo, en función de la situación operativa de sus refinerías. Si se concretan todas las entregas previstas, el volumen total podría superar los 4,8 millones de toneladas.

El consenso fue logrado en un contexto de fuerte encarecimiento de los combustibles en Estados Unidos, impulsado por las turbulencias del mercado energético internacional. Entre los factores que han contribuido a la reducción de la oferta figura la interrupción parcial del suministro ruso, después de que numerosas refinerías del país euroasiático fueran blanco de ataques del Ejército ucraniano en los últimos meses.

Philip Verleger, economista especializado en energía, investigador sénior y profesor de la Escuela de Gestión y Organización de la Universidad de Yale, afirmó: “Rusia exportaba alrededor de un millón de barriles de diésel al día. Países como Brasil y Turquía han prohibido las importaciones de este combustible. Como consecuencia, el mercado ha perdido un suministro de un millón de barriles diarios, en un contexto en el que la demanda mundial ronda los 25 millones de barriles al día”.

El encarecimiento del diésel repercute directamente en los costes del transporte de mercancías y añade presión sobre los precios y la inflación en Estados Unidos. Estas tensiones económicas podrían debilitar el apoyo al Partido Republicano de Trump de cara a las elecciones de medio mandato, previstas para el próximo 3 de noviembre.

En este contexto, los intereses electorales podrían ayudar a explicar la decisión de Washington de reanudar la cooperación energética con Rusia pese a las sanciones vigentes. Trump defendió el acuerdo en nombre del principio de “Estados Unidos primero” y rechazó las críticas europeas, alegando que los países del Viejo Continente también han comprado energía rusa por valor de más de 250.000 millones de dólares desde el inicio del conflicto, principalmente en forma de gas natural licuado (GNL).

Por su parte, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, declaró: “En primer lugar, actuaremos al amparo de todas las facultades legales de las que disponemos. Por tanto, quienes en el Congreso sostengan, basándose en un proyecto de ley anterior o en la legislación vigente, incluida la ley de Lindsey Graham, que no estamos autorizados a hacerlo, están equivocados. El presidente Donald Trump asumió el compromiso de servir a los ciudadanos estadounidenses, y reducir el precio del diésel los beneficia”.

Repercusiones en el tablero geopolítico

El acuerdo se alcanza en un contexto de creciente escalada del conflicto entre Rusia y Ucrania, en el que ambas partes intensifican los ataques mutuos contra infraestructuras civiles. En este escenario, la decisión de Washington constituye un movimiento de importantes implicaciones geopolíticas que podría modificar los equilibrios políticos en torno al conflicto.

Para Ucrania, esta medida suscita especial preocupación, ya que podría reflejar un cambio significativo en la posición de Estados Unidos respecto a Moscú y debilitar los esfuerzos occidentales por mantener la presión económica sobre Rusia. Asimismo, podría afectar a la aplicación de la legislación sobre sanciones contra Rusia e Irán, cuya entrada en vigor está prevista para el 19 de octubre. Esta contempla aranceles de hasta el 500 % sobre los productos rusos y sanciones secundarias contra los países que importen combustibles de Rusia.

La preocupación de Kiev ha aumentado también después de que Trump y su aliado Elon Musk afirmaran que Ucrania necesita un nuevo liderazgo. Estas declaraciones incrementan la presión sobre el Gobierno ucraniano y sus aliados europeos, especialmente porque Estados Unidos sigue siendo un proveedor clave de inteligencia y asistencia militar para Ucrania.

Según Ian Kelly, especialista en estudios internacionales de lenguas y literaturas eslavas de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, el acuerdo sobre el diésel ruso no tendrá necesariamente un impacto significativo a corto plazo en las relaciones entre Washington y Bruselas. Sin embargo, la iniciativa supone un nuevo revés para la cohesión occidental y refuerza la posición de Moscú, al menos en el plano político.

Para Moscú, el acuerdo con Washington representa una victoria en varios frentes. En el ámbito económico, ofrece un alivio a un sector energético sometido a numerosas sanciones y abre la posibilidad de obtener ingresos adicionales para las arcas del Estado. No obstante, su principal valor podría residir en el terreno político, ya que demuestra que Rusia aún dispone de margen de maniobra en sus relaciones con Estados Unidos y conserva instrumentos para influir en las decisiones de Washington, incluso en los esfuerzos por encontrar soluciones a otros focos de tensión internacional, más allá del conflicto entre Rusia y Ucrania.