El 10 de junio, el Ejército estadounidense lanzó ataques contra varios objetivos militares iraníes en respuesta al incidente ocurrido un día antes en el estrecho de Ormuz, donde un helicóptero militar estadounidense se precipitó al mar. En represalia, Irán atacó una base militar de Estados Unidos en la región.
Repetidas violaciones del alto el fuego
En un comunicado emitido tras los ataques en la madrugada de hoy, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) señaló que la operación fue una acción de autodefensa ordenada por el presidente Donald Trump. Washington sostiene que Irán derribó ayer un helicóptero Apache estadounidense en el estrecho de Ormuz, una acusación que Teherán rechaza categóricamente.
Los bombardeos estadounidenses tuvieron como objetivo sistemas de radar y defensa aérea iraníes ubicados en las proximidades del estrecho de Ormuz, así como varias instalaciones en el este de la provincia de Hormozgán y en la isla de Qeshm. En respuesta, la República Islámica empleó drones para atacar la base de la Quinta Flota de Estados Unidos en Baréin.
De hecho, tras varios meses de enfrentamientos, Washington y Teherán acordaron una tregua el 8 de abril e iniciaron negociaciones destinadas a reabrir el estrecho de Ormuz y abordar la cuestión del programa nuclear iraní. Desde entonces, ambas partes han intercambiado ataques en al menos cuatro ocasiones. Sin embargo, en cada suceso han insistido en que sus acciones fueron "limitadas" y "proporcionadas", al tiempo que reiteraron su compromiso con la preservación de la tregua. Pese a ello, numerosos analistas advierten de que esa moderación podría agotarse si las negociaciones no producen resultados concretos en el corto plazo. El profesor de Relaciones Internacionales y experto asociado del Instituto británico Chatham House, Yossi Mekelberg, explicó: “Los acuerdos de alto el fuego no están concebidos necesariamente para durar. Son medidas temporales destinadas a abrir espacio para una solución política más duradera. Por definición, un cese del fuego implica que las causas profundas del conflicto siguen sin resolverse, por lo que siempre existe el riesgo de que se rompa”.
Las amenazas a la tregua no proceden únicamente de Estados Unidos e Irán. El pasado 7 de junio, ese acuerdo enfrentó su mayor desafío cuando Irán lanzó misiles contra Israel en respuesta a ataques israelíes contra los suburbios del sur de Beirut, en el Líbano. Posteriormente, el país judío respondió con bombardeos sobre territorio iraní.
Se trató del primer intercambio directo de fuego entre ambos países desde la entrada en vigor del alto el fuego. La mayoría de los expertos considera este episodio mucho más grave que los anteriores enfrentamientos entre Washington y Teherán, debido a que el Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu mantiene una postura especialmente dura frente a Irán y ha reiterado en varias ocasiones su disposición a reanudar las hostilidades en cualquier momento. Esta posición de Israel contrasta con la estrategia de la administración estadounidense, que continúa apostando por una salida negociada.
Aumenta la presión para alcanzar un acuerdo
Las reiteradas violaciones del alto el fuego contrastan con las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha asegurado en repetidas ocasiones que un acuerdo duradero con Irán está próximo. Dicho entendimiento permitiría la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo internacional y allanaría el camino para una nueva ronda de negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, esas expectativas aún no se han traducido en avances concretos, pese a que el conflicto cumplió el pasado 8 de junio su día 100.
Según fuentes diplomáticas citadas por el periódico The New York Times, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán atraviesan una fase crítica y se centran en cuatro puntos clave: la suspensión del enriquecimiento de uranio por parte de Irán durante al menos 15 años, la reducción de sus reservas de uranio enriquecido bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el desmantelamiento de las instalaciones nucleares de Natanz, Fordow e Isfahán, y la autorización de inspecciones internacionales sin restricciones en territorio iraní. No obstante, como reconoció el propio Donald Trump la semana pasada, aunque un acuerdo parece cercano, también existe la posibilidad de que estos esfuerzos representen la última oportunidad para alcanzar una solución diplomática.
Para Jared Mondschein, director de investigación del Centro de Estudios Estadounidenses, la resolución aprobada por la Cámara de Representantes del país norteamericano el pasado 3 de junio para limitar las facultades presidenciales en materia bélica refleja la creciente presión interna para poner fin al conflicto.
“No parece existir una solución clara, sencilla y rápida para la crisis entre Estados Unidos e Irán. Es probable que este asunto siga condicionando la agenda de la administración Trump durante meses. Incluso, si se alcanzan avances significativos, parte del propio Partido Republicano podría oponerse al considerar que el resultado se asemeja al acuerdo nuclear firmado por la administración Obama”.
Por su parte, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó este martes que Teherán sigue priorizando la vía diplomática, aunque subrayó que las fuerzas armadas iraníes han demostrado estar preparadas para responder a cualquier amenaza contra la seguridad nacional. Asimismo, sostuvo que el estrecho de Ormuz no constituye una vía marítima plenamente internacional, sino una zona compartida entre Irán y Omán, y defendió que la mejor forma de reducir el riesgo de incidentes es la retirada de las fuerzas militares extranjeras desplegadas en la región.
