Este tributo adquiere hoy un significado especial con la Campaña de 500 días y noches destinada a intensificar la búsqueda, recuperación e identificación de los restos de los mártires, desplegada en todo el país. En la comuna de Vi Xuyen, provincia de Tuyen Quang, escenario de algunos de los combates más feroces de la guerra de defensa de la frontera norte, los integrantes del Equipo de Búsqueda y Recuperación trabajan en silencio. Con paciencia y determinación, remueven la tierra, exploran grietas y levantan enormes rocas para devolver a los héroes caídos el derecho a regresar a casa. Hoy les invitamos a acompañarnos en una travesía tan silenciosa como sagrada: la de los soldados que, entre las montañas y la niebla de Vi Xuyen, siguen buscando a sus compañeros de armas.
Primera parte: Una carrera contra el tiempo
Durante la guerra de defensa de la frontera norte, entre 1979 y 1989, en Vi Xuyen, más de 4.000 oficiales, soldados y civiles vietnamitas combatieron hasta el último aliento para proteger cada palmo del territorio nacional. Más de cuatro décadas después, miles de ellos continúan desaparecidos, bajo la tierra y las rocas de esta zona fronteriza. El coronel Bui Phu Vinh, comisario político del Equipo de Búsqueda y Recuperación de Restos de Mártires del Mando Militar de Tuyen Quang informó: “Con el paso del tiempo, las pistas sobre el paradero de los mártires son cada vez más escasas. Los testimonios de los veteranos, aunque invaluables, han perdido precisión debido a los años transcurridos. A ello se suma la dificultad del terreno: montañas rocosas, profundas grietas y cuevas naturales, donde cada piedra debe retirarse manualmente”.
Por su parte, el teniente primero Luu Van Nien, integrante del equipo, compartió: “Sabemos que, cada día, miles de familias de mártires siguen esperando noticias de sus seres queridos. Para nosotros, encontrar el mayor número posible de restos, facilitar las pruebas de ADN y devolver la identidad a los mártires constituye el principal objetivo de esta misión”.
A pesar de las dificultades, el Mando Militar de Tuyen Quang ha movilizado todos los recursos humanos y materiales disponibles para llevar a cabo esta misión.El coronel Bui Phu Vinh señaló: “Incluso quinientos días y noches siguen siendo un plazo muy corto para nosotros. Para cumplir la misión, hemos dividido el equipo en varios grupos que trabajan simultáneamente en todos los lugares donde existe alguna información sobre posibles restos. A partir de esos indicios, proponemos reforzar los efectivos para alcanzar los objetivos fijados”.
Además de los esfuerzos de los soldados de hoy, los antiguos combatientes de Vi Xuyen tampoco han dejado nunca de buscar, aunque sea a través de sus recuerdos. El veterano Nguyen Van Duong, antiguo combatiente del puesto fronterizo de Lao Chai, afirmó:“Es una labor extraordinaria. Muchos de mis compañeros siguen allí arriba, entre esas montañas y esos acantilados, sin haber podido regresar a su tierra. Nosotros también seguimos buscándolos. Solo deseo que algún día todos puedan descansar en el Cementerio de los Mártires de Vi Xuyen. Sus familias y sus compañeros aún los esperan”.
Segunda parte: En busca de los compañeros entre las rocas de Vi Xuyen
Han pasado más de cuarenta años desde el final de la guerra de defensa de la frontera norte. La vegetación ha cubierto las colinas que un día fueron conocidas como el “horno de cal del siglo”, y las antiguas posiciones militares identificadas con los números 685, 772 y 1030 vuelven a estar envueltas por el bosque. Sin embargo, bajo las trincheras derruidas y entre las afiladas rocas calizas, miles de soldados vietnamitas siguen esperando ser encontrados.
Para los miembros del Equipo de Búsqueda y Recuperación de Restos de Mártires del Mando Militar de Tuyen Quang, la Campaña de 500 días y noches trasciende el cumplimiento de una misión militar. Es, sobre todo, un compromiso moral para traer de vuelta a casa a los soldados caídos.
Llegar a las antiguas posiciones de combate exige horas de marcha por senderos selváticos, bordeando escarpados acantilados y ascendiendo por rudimentarias escaleras de troncos. Las lluvias torrenciales agravan aún más las condiciones: el barro rojizo cubre las herramientas y oculta fragmentos óseos, minas y explosivos sin detonar, lo que obliga a extremar la precaución a cada paso.
El teniente primero Hoang Ngoc Thuyen, que trabaja en el punto de altura 400, dijo: “Cuando llueve, todo se vuelve mucho más difícil. El suelo de basalto rojo se convierte en un barro espeso que impide excavar con rapidez y dificulta localizar los restos. Aún así, seguimos adelante. El tiempo no espera y ellos llevan demasiado tiempo aguardando”.
En muchos lugares las máquinas no pueden acceder. Solo quedan barras de hierro, martillos, palas y pequeñas espátulas para retirar, con extremo cuidado, las rocas y la tierra acumulada durante décadas. Es una labor que exige fuerza, paciencia y un profundo respeto por cada fragmento recuperado.
El mayor coronel Nguyen Dang Cuong, integrante del Destacamento 5 y participante por primera vez en esta misión, afirma que la gratitud hacia quienes combatieron antes que él constituye la fuerza que le permite superar cualquier dificultad.
“Trabajamos con toda nuestra voluntad y nuestro agradecimiento hacia la generación que nos precedió. Nuestro mayor deseo es encontrar al mayor número posible de restos de los mártires y devolverlos a casa”.
A sus 46 años, Hoang Van Lien se ofreció voluntario para participar en la búsqueda. Aún hoy se emociona al recordar el instante en que sus manos tocaron por primera vez los restos de un mártir ocultos entre la roca fría. Lien compartió:
“Cada vez que encontramos un hueso o un pequeño fragmento de los restos de nuestros antepasados, la emoción es indescriptible. Por mínimo que sea, buscamos con el mayor cuidado para no dejar nada atrás. No queremos que se pierda ni el más pequeño vestigio. Les debemos ese respeto y ese regreso”.
El peligro no solo proviene del terreno escarpado o de las condiciones climáticas, sino también de las miles de minas y municiones sin detonar que permanecen ocultas desde la guerra. Por ello, el equipo sigue una regla inquebrantable: “Donde se busca, primero se desmina”. Los zapadores especializados avanzan siempre en primera línea para garantizar la seguridad de toda la operación.
El teniente primero Hoang Ngoc Thuyen añadió: “La seguridad es siempre la prioridad. Mientras excavan, los soldados permanecen atentos y, si detectan algún artefacto explosivo, detienen de inmediato el trabajo para que los zapadores intervengan. Los años de experiencia también les han enseñado que los restos de los soldados caídos suelen encontrarse cerca de arroyos y zonas bajas. Durante la temporada de lluvias, el agua arrastra la tierra, las rocas y, en muchos casos, también los restos hasta esos lugares”.
En la cima rocosa de 400, uno de los puntos más disputados del antiguo campo de batalla de Vi Xuyen, la perseverancia dio finalmente sus frutos. Tras más de dos semanas retirando roca por roca y excavando centímetro a centímetro la compacta tierra, el equipo de búsqueda halló restos humanos que habían permanecido ocultos durante casi medio siglo entre las inmensas rocas y los vientos de la frontera.
El teniente primero Hoang Ngoc Thuyen compartió: “En ese momento sentí una inmensa alegría. Fui quien encontró los primeros restos y, después, mis compañeros acudieron para verificarlos e identificarlos. Todos nos emocionamos; fue como recibir nuevas fuerzas para seguir adelante. Aunque el tiempo cambiaba constantemente entre el sol y la lluvia, nadie perdió la determinación de cumplir la misión de la mejor manera posible”.
El teniente primero Luu Van Nien, integrante del equipo de búsqueda y recuperación, explica que cada hallazgo, ya sea un esqueleto casi completo o apenas un fragmento de hueso, una falange con un botón aún adherido o una cantimplora perforada por la artillería, es tratado como un tesoro. Todos los restos están envueltos en un paño rojo y cubiertos con la bandera nacional. En la funeraria, los héroes caídos reciben en cada comida los mismos alimentos que los soldados, como si se tratara de un familiar que por fin hubiera regresado a casa.
“Cuando encontramos los restos, designamos a un representante para realizar la ceremonia e invitar a los héroes caídos a regresar con nosotros. En ese momento todo queda en silencio. Rendimos un respetuoso saludo a las almas de nuestros compañeros antes de trasladarlos a la funeraria”.
Cada día, en las escarpadas laderas de Vi Xuyen, los pasos del equipo de rescate siguen abriéndose camino entre las afiladas y dentadas rocas. Para ellos, traer a sus compañeros de vuelta a casa no sólo significa cumplir su misión, sino también honrar la promesa que hicieron a quienes cayeron por la paz de la patria.
Tercera Parte : El epílogo de julio
Cada mes de julio, convoyes de veteranos emprenden el camino hacia Vi Xuyen. En cada vehículo ondea una pancarta roja con la inscripción: “Regreso al antiguo campo de batalla”. Y cada 12 de julio, aniversario de la batalla, las montañas y los bosques de Vi Xuyen vuelven a abrir sus brazos para recibir a sus hijos: los vivos regresan en busca de sus compañeros, mientras los caídos continúan esperando el día en que, por fin, sus nombres sean pronunciados.
Entre la silenciosa multitud que ofrecía incienso en el cementerio se encontraban numerosos veteranos de cabello canoso y paso vacilante. Para ellos, julio representa un reencuentro sagrado con los compañeros que aún descansan entre las rocas y los acantilados de Vi Xuyen.
Dinh Duc Long, veterano de la División 313, que regresa a Vi Xuyen decenas de veces al año, explicó: “Cada vez que vuelvo a este lugar, la emoción me invade. El cariño por mis compañeros sigue intacto. Muchos de ellos aún permanecen dispersos a lo largo de la frontera, y más de dos mil siguen sin ser encontrados. Solo quienes sobrevivimos a aquellos combates sabemos dónde cayeron. Mañana acompañaré a los testigos hasta la Cota 1509 para señalar el lugar exacto donde el equipo continuará la búsqueda”.
Amigos oyentes,
Acabamos de acompañar a los oficiales y soldados del equipo de búsqueda y recuperación de la provincia de Tuyen Quang en una expedición para hallar los restos de los soldados caídos y cumplir una promesa pendiente desde hace casi medio siglo. Se han recuperado numerosos restos y objetos, pero miles de nombres siguen esperando entre las escarpadas montañas de la frontera.
Apenas ha recorrido una quinta parte de su camino, pero la Campaña de 500 días y noches continúa. Más que una misión de búsqueda y recuperación de restos, es un acto de gratitud y memoria hacia quienes entregaron su vida por la independencia y la libertad de la Patria; hacia las familias que nunca dejaron de esperar; hacia los veteranos que aún anhelan el regreso de sus compañeros; y hacia los soldados que, en silencio, mantienen viva una promesa: llevar a cada héroe de regreso a casa.
