El Pentágono confirmó el 30 de septiembre la retirada de todas las fuerzas estadounidenses del territorio iraquí, en cumplimiento del acuerdo alcanzado por Washington y Bagdad en septiembre de 2024. Con ello concluyen más de dos décadas de presencia militar estadounidense en el país.

El fin de una etapa de presencia militar

El acuerdo de 2024 estableció una retirada escalonada. Las tropas abandonaron bases estratégicas, entre ellas la Base Aérea de Al-Asad, a finales de 2025. Posteriormente, el personal que aún permanecía en Iraq se concentró en la región autónoma del Kurdistán, en el norte del país, antes de completar la retirada a finales de septiembre de 2026.

La retirada pone además punto final a la Operación Inherent Resolve, la campaña internacional creada en 2014 para combatir al grupo terrorista denominado Estado Islámico.

Un reducido contingente estadounidense permanecerá en Bagdad para proteger las instalaciones diplomáticas.

Para Washington y Bagdad, el desenlace cierra una etapa iniciada en 2003, cuando Estados Unidos invadió Iraq, y marca el final de una prolongada presencia militar estadounidense en el país.

El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el 30 de septiembre que la salida definitiva ponía fin a una prolongada intervención militar vinculada a la mayor guerra emprendida por Estados Unidos en lo que va del siglo XXI. Trump declaró: “Durante mucho tiempo, tomamos decisiones gravemente equivocadas que nos hicieron quedar atrapados en este lodazal desde el principio. Sí, realmente fue un lodazal. Esta situación se prolongó durante muchos años. Pero dentro de poco, ese capítulo de la historia llegará a su fin. Nos retiraremos de allí. Por eso, hoy es una victoria para Estados Unidos. Es una victoria para Iraq y una victoria decisiva frente al Estado Islámico, una organización que ha sido completamente derrotada y que fue precisamente la razón por la que intervenimos allí desde el principio”.

La salida fue recibida con celebraciones en distintas ciudades iraquíes. Miles de personas salieron a las calles el 30 de septiembre, mientras las autoridades declaraban cuatro días de fiesta nacional bajo el nombre de “Día de la Soberanía”, a partir de esa fecha.

Una semana antes, en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU-81), celebrado en Nueva York, el primer ministro iraquí, Ali Al-Zaidi, había destacado el nuevo rumbo de las relaciones con los socios internacionales: “Con el fin de la misión de la coalición internacional en Iraq, estamos llevando nuestra relación con nuestros socios estratégicos a una nueva etapa: pasar de la cooperación militar a la cooperación económica y al desarrollo, en beneficio mutuo. De este modo, no solo consolidamos aún más la victoria de Iraq frente al terrorismo, sino que también reforzamos nuestra determinación y generamos el impulso necesario para completar el desarrollo de nuestras capacidades de seguridad y militares, con el fin de proteger nuestro territorio, a nuestro pueblo y nuestra soberanía nacional”.

Nuevos desafíos para la seguridad

Superada la euforia inicial, Bagdad afronta ahora nuevos desafíos. Entre ellos, figura el reto de garantizar la seguridad y la estabilidad del país tras la retirada de las fuerzas internacionales.

La situación genera preocupación ante las declaraciones de milicias iraquíes vinculadas a Irán, que han interpretado la retirada estadounidense como una “victoria”, mientras persiste el riesgo de una nueva escalada de las tensiones entre Washington y Teherán.

En los últimos años, Estados Unidos había presionado a las autoridades iraquíes para que aprovecharan el período de transición con el fin de desarmar a las milicias y someterlas a la autoridad del Gobierno central.

El primer ministro Ali al-Zaidi ha aplazado, sin embargo, la aplicación de ese plan ante el temor de provocar tensiones internas entre las facciones islamistas chiíes.

Saad Mann, jefe de la Unidad de Comunicación de Seguridad de Iraq, explicó que las autoridades tratan de controlar el armamento a través de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), una institución oficial bajo la autoridad del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Por ahora, el proceso se limita a conversaciones con algunas facciones. Por ello, numerosos expertos que siguen de cerca la evolución política de Iraq cuestionan su eficacia.

Sajad Jiyad, investigador principal del Centro de Política Internacional (CIP), con sede en Nueva York, señaló: “Quiero afirmar categóricamente que no habrá ningún desarme de ningún grupo el 30 de septiembre. Creo que esto probablemente ha quedado muy claro para cualquiera que siga de cerca la política iraquí día tras día. El Gobierno ha hablado de integración y ha pedido a algunos de estos grupos que se integren mejor en las Fuerzas de Movilización Popular, como institución. Sin embargo, creo que rechazan por completo cualquier medida que pueda calificarse de desarme. No creo que eso vaya a ocurrir, ni el 30 de septiembre ni en ningún momento posterior”.

El terrorismo constituye otro motivo de preocupación. La Operación Inherent Resolve contribuyó a recuperar los territorios que habían estado bajo el control del Estado Islámico. Sin embargo, expertos en seguridad advierten de que la retirada internacional podría facilitar el resurgimiento de otros grupos yihadistas.

Las autoridades de la región del Kurdistán expresan especial inquietud y consideran que Iraq aún no ha alcanzado la estabilidad política y militar necesaria para afrontar por sí solo la situación de seguridad.

A largo plazo, por tanto, consolidar una soberanía efectiva seguirá siendo un desafío complejo para Bagdad.