Se trata del segundo encuentro presencial entre ambos mandatarios en menos de seis meses, tras la reunión celebrada en mayo en Beijing, y de la primera visita de Xi a Estados Unidos en once años.
Estabilidad estratégica
La visita comenzó el 23 de septiembre con un gesto poco habitual: Trump recibió personalmente a Xi al pie de la escalerilla de su avión en la base aérea de Andrews, en Maryland. Posteriormente, el presidente chino fue recibido con honores militares, una exhibición aérea y una cena de Estado en la Casa Blanca.
El protocolo desplegado puso de manifiesto la importancia que Washington concede a una relación marcada por profundas diferencias, pero en la que también resulta necesario mantener abiertos los canales de diálogo.
Durante la reunión del 24 de septiembre, Xi destacó que los objetivos estratégicos de ambas potencias —“el Sueño Chino de Rejuvenecimiento Nacional” y “Que Estados Unidos vuelva a ser grande”— no son incompatibles. Abogó por una coexistencia pacífica y por establecer mecanismos capaces de evitar la denominada “trampa de Tucídides”, un concepto al que ya había hecho referencia en mayo.
Trump calificó a Xi de “gran amigo” y afirmó que ambas potencias tienen más posibilidades de cooperar que de enfrentarse. El presidente estadounidense afirmó: “Si nos centramos en nuestros intereses comunes, estoy convencido de que podemos alcanzar grandes logros. La búsqueda de esos intereses comunes ha unido a los pueblos de nuestros dos países, pese a los vastos océanos que nos separan, las enormes distancias geográficas y nuestras numerosas diferencias. Incluso, nos llevó a convertirnos en aliados durante la Segunda Guerra Mundial”.
La seguridad, la tecnología y la superinteligencia (SI), término utilizado por Trump para referirse a la inteligencia artificial (IA), también ocuparon parte de las conversaciones.
El líder estadounidense sostuvo que las decisiones que se adopten ahora en estos ámbitos pueden contribuir a preservar la paz y favorecer la prosperidad durante las próximas décadas.
Xi señaló que Estados Unidos y China son “naciones líderes” en IA y que tienen tanto la capacidad como la responsabilidad de desarrollarla y gestionarla de manera beneficiosa, manteniendo el control humano y procurando que sus avances contribuyan al bienestar de la población.
Señales de distensión
La voluntad de contener las tensiones también se ha reflejado en algunos acuerdos recientes.
El 23 de septiembre, Washington y Beijing acordaron extender por dos meses el Acuerdo de Busan, según informó el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. El pacto, alcanzado el año pasado en Busan (Corea del Sur), tenía como objetivo reducir las tensiones comerciales.
La extensión prolonga su vigencia del 10 de noviembre de 2026 al 10 de enero de 2027. Aunque el nuevo plazo es inferior a los seis meses que esperaban algunos observadores, expertos consultados lo consideran una señal positiva.
Ruby Osman, asesora principal de geopolítica especializada en China del Instituto Tony Blair para el Cambio Global, señaló: “No creo que este acuerdo de tregua vaya a resolver todos los problemas de esta relación, pero considero que el hecho de que ambas partes quieran algún tipo de tregua, aunque no sea perfecta, demuestra que son plenamente conscientes del daño que cada una puede infligir a la otra. Lo vimos claramente durante el momento de mayor tensión de la guerra arancelaria del año pasado y creo que, al menos a corto plazo, ninguna de las partes quiere reavivar aquel conflicto”.
En el ámbito tecnológico, Washington y Beijing están cerca de crear un “Diálogo Estados Unidos-China sobre IA”, que permitiría intercambiar información sobre posibles incidentes relacionados con esta tecnología, incluidos aquellos con implicaciones para la seguridad nacional.
Da Wei, director del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua, considera que la iniciativa se plantea en un momento en que aumentan los llamamientos a ralentizar el desarrollo de la IA. A su juicio, el principal desafío será verificar que ambas partes cumplan cualquier compromiso que adopten en este ámbito. Sin un mecanismo fiable, advierte, el acuerdo podría convertirse en una “trampa” debido al reducido nivel de confianza existente.
La cumbre no produjo avances decisivos, pero permitió mantener abiertos los canales de comunicación y alcanzar algunos acuerdos destinados a contener las tensiones, en un contexto en el que ambas potencias buscan gestionar sus diferencias y evitar una escalada de la rivalidad bilateral.
Trump y Xi podrían volver a reunirse en noviembre, durante la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se celebrará en China, y en diciembre, con motivo de la Cumbre del Grupo de los Veinte (G20), prevista en Miami, Estados Unidos.
