El pasado 16 de agosto, Donald Trump ordenó reducir la escala del ejercicio militar conjunto “Escudo de Libertad Ulchi” (UFS), programado para la segunda quincena de agosto. Apenas tres días después, el presidente estadounidense expresó su deseo de volver a reunirse con el líder norcoreano, Kim Jong-un.

Fricciones en la alianza

La decisión de recortar las maniobras del UFS tomó por sorpresa a las partes, al anunciarse a través de Truth Social pocas horas antes de su inicio. Por primera vez en su segundo mandato, Trump ordenó públicamente reducir los ejercicios con Seúl, calificándolos de costosos y considerándolos una “señal hostil” para Pyongyang. Al mismo tiempo, justificó la medida por la carga financiera que asume su país y por la “buena relación” que mantiene con el dirigente norcoreano.

Aunque durante su primer mandato (2017-2021) el mandatario tildó recurrentemente las maniobras del UFS de “derroche de dinero”, los analistas consideran que este recorte de última hora transmite señales de gran calado estratégico.

Al respecto, Cha Du-hyeogn, del Instituto Asan de Estudios Políticos, señaló: “Al fin y al cabo, esto refleja la frustración ante el hecho de que Corea del Sur, a pesar de ser un aliado, no apoyó activamente a Estados Unidos en el conflicto entre este país e Irán. ¿Qué implica esto para el futuro? En lo fundamental, transmite el mensaje de que, si Corea del Sur no comparte la carga ni participa activamente en la estrategia regional o global de Estados Unidos, Washington podría ajustar el nivel de su compromiso de seguridad con Seúl. La referencia a los ejercicios conjuntos puede considerarse una manifestación de dicho mensaje”.

A las divergencias en materia de seguridad se suman factores económicos. En septiembre de 2025, Trump anunció que Corea del Sur aportaría “de inmediato” un paquete de inversiones por valor de 350.000 millones de dólares en Estados Unidos, mediante préstamos, garantías crediticias y ampliaciones de capital, a cambio de una reducción de los aranceles de importación del 25 % al 15 %. Casi un año después, ninguno de los proyectos prometidos por Seúl al respecto se ha concretado, lo que ha generado malestar en Washington. Así, el recorte del UFS opera como un mecanismo de presión para exigir celeridad en las inversiones antes de 2029, un mayor aporte a los costos de defensa y un mayor respaldo a la agenda exterior estadounidense.

Reanudación del diálogo entre Estados Unidos y Corea del Norte

Por otro lado, en declaraciones del 19 de agosto, Trump reafirmó su intención de reunirse con el líder norcoreano a finales de año para retomar los vínculos establecidos durante su primer mandato. Un día después, volvió a referirse a Pyongyang al aludir al número de ojivas nucleares en posesión del país asiático, sosteniendo que el expediente nuclear norcoreano habría tomado un curso distinto de haberse mantenido sus directrices iniciales. Estas aseveraciones suponen un viraje en la política exterior de Estados Unidos hacia la península coreana.

Jenny Town, directora del programa 38 North del Centro Stimson, evaluó: “Resulta evidente que Donald Trump ha deseado reunirse con Kim Jong-un desde el comienzo de su segundo mandato. Ha sondeado en reiteradas ocasiones la posibilidad de reanudar las conversaciones. La manera en que ejecuta esta medida sugiere que intenta crear una oportunidad diplomática, en la que el aplazamiento o la reducción de los ejercicios militares sirven como señal de esa intención. Sin embargo, la forma de ponerla en práctica carece de la sistematicidad necesaria, por lo que difícilmente generará el impacto deseado, máxime ante la ausencia de negociaciones sustantivas en curso”.

La incertidumbre radica en las implicaciones para la estabilidad regional. La reducción del UFS podría afectar al adiestramiento conjunto, pero también acelerar los esfuerzos de Seúl para asumir el Mando Operacional en Tiempo de Guerra (OPCON), actualmente bajo la autoridad de Estados Unidos.

Jenny Town añadió: “Será de gran interés observar en las próximas semanas, en primer lugar, cómo responderá Corea del Norte a este acontecimiento y, al mismo tiempo, de qué manera reaccionará Corea del Sur, tanto su Gobierno como sus Fuerzas Armadas, ante este movimiento inesperado”.

Aunque Trump no ha precisado la fecha ni el lugar del eventual encuentro con Kim Jong-un, medios de comunicación estadounidenses estiman que la cita podría concretarse durante la visita del mandatario a la ciudad china de Shenzhen para participar en la Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), prevista para noviembre próximo.