Este logro no representa únicamente un umbral estadístico de ingresos, sino también el reconocimiento a cuatro décadas de renovación, integración y desarrollo. Este hito abre nuevas oportunidades, pero también plantea mayores desafíos para que el país avance hacia su objetivo de convertirse en una nación desarrollada y de altos ingresos en 2045.
De ser un país empobrecido tras la guerra, con un ingreso per cápita de apenas unos cientos de dólares a comienzos de la década de 1990, Vietnam ha superado hoy el umbral de los 4.636 dólares de ingreso nacional bruto (INB) per cápita, incorporándose así al grupo de economías de ingreso mediano alto.
Este avance es el resultado de la política de Renovación (Doi Moi), del profundo proceso de integración internacional, de la estabilidad política y social del país y del esfuerzo conjunto del Estado, la comunidad empresarial y la población para impulsar el desarrollo económico.
El mensaje de una economía estable
Este hito se produce en un contexto de persistentes incertidumbres para la economía mundial. Sin embargo, Vietnam ha logrado mantener un sólido ritmo de crecimiento, controlar la inflación y elevar el nivel de ingresos de la población. Esto evidencia la eficacia de una estrategia de desarrollo basada en la estabilidad macroeconómica como fundamento y en las reformas como principal motor del crecimiento.
Las reformas institucionales avanzan con mayor determinación, un aspecto especialmente valorado por los inversionistas internacionales. Así lo destaca Max-F. Scheichenost, de la Organización para el Desarrollo de la Inversión de Capital Privado, quien lleva años analizando el mercado vietnamita.
“En Vietnam se ha registrado un cambio muy importante durante los últimos años, especialmente en la mentalidad de quienes diseñan las políticas públicas y normas jurídicas. La dirigencia del país asiático presta cada vez mayor atención a las opiniones de los expertos, la comunidad internacional y los inversionistas. En los últimos dos años se ha producido una clara transformación de carácter sistémico. Puedo afirmar que el entorno empresarial vietnamita atraviesa un momento muy favorable y ofrece condiciones para que los inversionistas desarrollen sus actividades con estabilidad”.
Dichas palabras de Scheichenost reflejan que los inversionistas no solo valoran el tamaño del mercado, sino también la calidad de la gobernanza y la capacidad de reforma de la economía. A medida que las políticas aplicadas por el Gobierno vietnamita se vuelven más transparentes, la gestión pública adopta un enfoque más abierto y las opiniones del sector empresarial y de los expertos internacionales reciben una mayor consideración, la confianza de los inversionistas se fortalece. En efecto, esta confianza será un factor decisivo para atraer capitales de mayor calidad, tecnologías avanzadas y proyectos con un elevado valor agregado.
No obstante, convertirse en un país de ingreso mediano alto no es la meta final, sino el inicio de una nueva etapa de desarrollo que exige un crecimiento de mayor calidad. A medida que se reduce la ventaja competitiva de una mano de obra de bajo costo, los nuevos motores del crecimiento deberán sustentarse en la innovación, la ciencia y la tecnología, la transformación digital, el incremento de la productividad laboral y el fortalecimiento del capital humano.
Al mismo tiempo, el crecimiento económico deberá traducirse en un desarrollo sostenible, un mayor bienestar social y una mejora continua de la calidad de vida de la población. Esta es precisamente la visión de desarrollo que los dirigentes vietnamitas han reiterado en diversos foros internacionales.
Aspiración de desarrollo
Aunque Vietnam ha alcanzado un logro de gran relevancia, su potencial de crecimiento sigue siendo considerable. Con una población que figura entre las más numerosas del mundo, pero con una economía cuyo tamaño aún no refleja plenamente ese potencial, el país dispone de amplias oportunidades para acelerar su desarrollo si continúa profundizando las reformas, elevando la productividad laboral y aprovechando eficazmente los nuevos motores del crecimiento.
El empresario Mai Huu Tin evaluó: “En términos de demografía, Vietnam ocupa el puesto 16 del mundo, situándose entre los países más poblados. Sin embargo, por el tamaño de su economía ocupa aproximadamente el puesto 32. Esto significa que existe un amplio margen para que la economía alcance una posición acorde con su peso demográfico. Si actuamos con rapidez en esta etapa y conseguimos superar la trampa del ingreso medio, Vietnam estará en condiciones de situarse entre las veinte mayores economías del mundo”.
La ventaja demográfica solo se convertirá en una auténtica fortaleza si se traduce en una mayor productividad, un capital humano altamente cualificado y una sólida capacidad de innovación. Estas condiciones serán esenciales para que Vietnam supere la trampa de la renta media, fortalezca su posición en las cadenas globales de valor y avance hacia su meta de convertirse en un país desarrollado y de altos ingresos en 2045. El ingreso al grupo de países de ingreso mediano alto constituye un importante motivo de orgullo nacional. No obstante, el verdadero desafío será mantener el impulso de las reformas y elevar de forma sostenida la calidad del crecimiento. Solo con una economía más productiva, competitiva, innovadora y sostenible podrá Vietnam convertir esa aspiración en una realidad.
