La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió el 3 de junio que la crisis en Oriente Medio está deteriorando las perspectivas económicas globales y podría acarrear consecuencias aún más graves si las partes no logran alcanzar un alto el fuego antes de 2027.
Riesgos de una crisis prolongada
En su último informe de perspectivas económicas, la OCDE prevé que el crecimiento mundial se desacelere del 3,4% registrado en 2025 al 2,8% en 2026, antes de recuperarse moderadamente hasta lograr un crecimiento del 3,1% en 2027, dentro de su escenario de referencia.
El organismo explica que sus previsiones contemplan dos escenarios principales: uno de perturbación temporal, en el que los efectos del conflicto permanecen bajo control y los precios de la energía comienzan a estabilizarse a mediados de 2026; y otro de perturbación prolongada, caracterizado por repercusiones económicas más profundas y duraderas.
Si el conflicto se prolonga hasta 2027, el crecimiento mundial podría reducirse al 2,1%, una cifra muy inferior al promedio del 3,4% registrado entre 2013 y 2019, antes de la pandemia de covid-19.
La OCDE advirtió que cuanto más se prolonga la inestabilidad, mayores serán los costes económicos y sociales. Asimismo, señaló que los elevados precios de la energía, los fertilizantes y otros productos vinculados al petróleo y al gas ejercerán una fuerte presión sobre las economías en desarrollo, donde el gasto en energía y alimentación representa una parte importante del consumo de los hogares.
Entre las principales economías, Estados Unidos crecería un 2% este año y un 1,8% en 2027. En la zona euro, el PIB avanzaría apenas un 0,8% este año, frente al 1,4% del ejercicio anterior, debido en gran medida a su dependencia de las importaciones energéticas.
El escenario de una prolongación del conflicto resulta especialmente preocupante para Asia.
El economista jefe de la OCDE, Stefano Scarpetta, explicó: "Las economías asiáticas se encuentran entre las más vulnerables ante un escenario de perturbación prolongada, debido a su considerable dependencia de los recursos energéticos procedentes de la región del Golfo. En tales circunstancias, se prevé una desaceleración notable de la actividad económica. Este es, precisamente, el principal elemento diferenciador frente a un escenario de interrupción temporal".
Además del deterioro de las perspectivas de crecimiento, la OCDE alerta sobre los riesgos inflacionarios. Según sus estimaciones, la inflación mundial aumentará 0,4 puntos porcentuales este año y 1,3 puntos en 2027.
Las conclusiones de la organización refuerzan las advertencias formuladas recientemente por instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización de las Naciones Unidas, que coinciden en señalar que la persistencia del conflicto en Oriente Medio está frenando la expansión de la economía mundial.
Durante las reuniones del FMI y el BM celebradas a mediados de abril, el FMI rebajó su previsión de crecimiento global para este año al 3,1%, dos décimas menos que en su estimación de enero. En el escenario más adverso, caracterizado por precios elevados del petróleo y del gas natural hasta 2027, la economía mundial crecería únicamente un 2%, acercándose peligrosamente a una recesión.
La tecnología como motor de crecimiento
Aunque la OCDE insiste en los riesgos derivados de la prolongación del conflicto y en sus posibles secuelas incluso después del cese de las hostilidades, también identifica factores capaces de sostener una recuperación relativamente rápida. Uno de ellos es la inversión en la tecnología, especialmente en el ámbito de la inteligencia artificial (IA).
Según Stefano Scarpetta, pese a las preocupaciones sobre una eventual "burbuja de la IA", este sector continúa siendo un importante motor de crecimiento. El economista puntualizó: "No se observan señales que apunten a una desaceleración de la inversión. Por el contrario, los programas de gasto previstos por las principales compañías de inteligencia artificial para 2026 y 2027 prácticamente duplicarán los niveles alcanzados en 2025. Nos encontramos ante inversiones de gran magnitud. Aunque subsisten incertidumbres, las perspectivas de retorno siguen siendo sumamente prometedoras".
Una valoración similar comparte Shantanu Mukherjee, director de Análisis Económico y Políticas del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DESA), quien destacó: "Si bien el panorama actual presenta importantes desafíos, existen áreas específicas en las que la cooperación internacional puede generar resultados tangibles. Los Estados disponen de nuevas oportunidades para reforzar su resiliencia mediante inversiones en energías renovables, mejoras en la eficiencia energética, estrategias de diversificación económica, políticas sectoriales orientadas al desarrollo y una utilización más eficiente de los recursos disponibles. Estas constituyen prioridades comunes sobre las que el sistema multilateral y las Naciones Unidas pueden articular mecanismos eficaces de apoyo y cooperación".
Según el experto, la prioridad inmediata para numerosas economías afectadas por la persistencia del conflicto en Oriente Medio es contener la inflación, ya que se trata del problema con efectos más rápidos y directos en la población. Millones de hogares, especialmente en los países en vías de desarrollo, siguen soportando el impacto del encarecimiento de la energía y de las interrupciones en las cadenas de suministro, factores que continúan ejerciendo presión sobre los precios.
