La perspectiva de Vietnam sobre los derechos humanos se refleja claramente en las directrices y políticas pertinentes, sobre todo en las recién promulgadas, que establecen como objetivo final mejorar la calidad de vida de la ciudadanía y consideran al ser humano tanto el centro como el motor del desarrollo.

Cuando las políticas se traducen en un impacto real

“Me alegra mucho empezar las clases allí el año que viene. Mi nueva escuela tiene incluso instalaciones para hacer ejercicio y practicar deportes”, expresó un alumno.

“Estoy muy contenta de haber sido admitida como interna, ya que mi casa está a 15 kilómetros de este internado”, dijo otra.

“Saber que mi hijo estudiará y vivirá en un entorno moderno, con un comedor y dormitorios cómodos, me da mucha tranquilidad. Seguramente este entorno favorecerá su desarrollo integral, tanto en el ámbito intelectual como en el físico”, sostuvo una madre.

La alegría que expresan estos alumnos y sus padres es compartida también por decenas de miles de familias beneficiarias de los 248 internados multinivel que se están construyendo en distintas comunas fronterizas de todo el país. Estos nuevos centros no solo ofrecen oportunidades educativas más equitativas a los alumnos de las zonas fronterizas, sino que también contribuyen a garantizar el derecho a la educación de todos los menores.

La educación es solo uno de los muchos ámbitos en los que los habitantes se benefician directamente de las políticas de desarrollo, junto con la atención sanitaria, la vivienda, la seguridad social, las infraestructuras de transporte, la transformación digital y la reforma administrativa, entre otros.

El doctor Le Duy Binh, experto en economía y finanzas y director de la organización Economica Vietnam, señaló: “Los indicadores relativos al acceso de los ciudadanos a servicios sociales básicos, tales como la seguridad social, la cobertura de seguro médico y el seguro de desempleo, muestran una mejora constante. La población percibe con satisfacción el impacto de las políticas estatales orientadas a reducir las tasas de matrícula, el apoyo financiero para los gastos educativos de los estudiantes, la ampliación de la cobertura sanitaria, la mejora de la calidad de los servicios médicos y el fomento de la medicina preventiva. Son avances realmente significativos”.

Desde el punto de vista económico, las políticas diseñadas para aliviar las dificultades de la producción y la actividad empresarial, junto con aquellas que impulsan la inversión, la innovación y la transformación digital, están generando nuevos motores de crecimiento. Lo más importante es que este crecimiento se traduce gradualmente en más empleo, mayores ingresos, servicios públicos más accesibles y una calidad de vida cada vez mejor.

El doctor Le Duy Binh puntualizó: “El crecimiento económico se ha traducido en mejores ingresos y condiciones de vida para la población. El desarrollo no se ha limitado a grupos selectos, sino que abarca a toda la sociedad, especialmente gracias a los logros en materia de crecimiento inclusivo y sostenible que prestan especial atención a los grupos vulnerables. Los beneficios de los que goza la población se reflejan en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que publica anualmente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo”.

La felicidad del pueblo es el criterio fundamental

El principio de que todas las directrices y políticas deben tener como objetivo ampliar las oportunidades para el desarrollo humano y garantizar que la población disfrute cada vez más de los frutos de dicho progreso ha sido enfatizado en varias ocasiones por el secretario general del Partido Comunista y presidente de Vietnam, To Lam, quien además propuso: “Debemos atender mejor el bienestar del pueblo, considerándolo la meta final del desarrollo. Los ciudadanos deben beneficiarse de un entorno de vida más seguro y de un sistema de transporte más eficiente. Además, tienen derecho a disfrutar de viviendas dignas, mejores escuelas y hospitales, así como de una mayor disponibilidad de espacios culturales y zonas verdes. Es preciso apoyar a los trabajadores, a las personas de escasos recursos y a los grupos vulnerables mediante políticas específicas y medidas prácticas, adaptadas a sus necesidades”.

Ese compromiso político se ha implementado de manera integral y ha dado resultados evidentes, como demuestra el hecho de que Vietnam figure entre las 50 naciones más felices del mundo, al ocupar el puesto 46 entre los 147 países clasificados en el Informe Mundial de la Felicidad de 2025. Este logro refleja mejoras en la calidad de vida, la satisfacción de la población y el impacto real de las políticas de desarrollo.

El profesor y doctor Le Hai Binh, subdirector de la Academia Nacional de Política Ho Chi Minh, declaró: “Muchos amigos internacionales que he conocido afirman que Vietnam posee algo que muchas otras naciones anhelan, pero de lo que carecen: paz, independencia y una vida tranquila. Hemos experimentado un notable ascenso en nuestro índice de felicidad, aunque considero que esta métrica, por sí sola, podría no reflejar plenamente la realidad. Aspiramos a alcanzar una felicidad aún mayor; por ello, estamos decididos a lograr un crecimiento más elevado y garantizar un bienestar más sostenible”.

Los hechos hablan por sí solos de los efectos positivos en diferentes esferas de la orientación de desarrollo de Vietnam, que sitúa a las personas en el centro y hace de la felicidad de la ciudadanía el objetivo final de todas sus políticas.