Aunque ninguno de los candidatos ha logrado aún imponerse claramente, el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU ha dejado entrever dos tendencias que cobran fuerza en la carrera: la igualdad de género y la rotación geográfica.

Dos grandes tendencias

En el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU (AGNU-81), el pasado 18 de septiembre el Consejo de Seguridad celebró la tercera votación oficiosa sobre los candidatos al cargo de secretario general. Según varias fuentes, Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), obtuvo nueve votos a favor, cinco en contra y uno sin pronunciarse. En segundo lugar se situó Carolyn Rodrigues-Birkett, embajadora de Guyana ante la ONU.

Poco después de esta votación, la expresidenta de Chile Michelle Bachelet anunció su retirada de la carrera. Actualmente, hay ocho candidaturas oficialmente presentadas: Ivonne A-Baki y María Fernanda Espinosa, de Ecuador; Rafael Grossi, de Argentina; Rebeca Grynspan, de Costa Rica; Olara Otunnu, de Uganda; Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana; y Macky Sall, de Senegal. Aunque en los próximos meses podrían sumarse nuevos aspirantes, la dinámica actual deja entrever dos factores que cobran cada vez mayor peso en la carrera: el género y la rotación geográfica. Desde la creación de la ONU en 1945, ninguna mujer ha ocupado la Secretaria General. Al mismo tiempo, en virtud del principio de rotación regional, diversos observadores consideran que ha llegado el turno de América Latina y el Caribe. Al intervenir en la AGNU-81 el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó públicamente su respaldo a ambas tendencias.

“Nueve hombres han ocupado la Secretaría General de esta organización en sus 80 años de vida. Ahora le toca a una mujer, a una mujer latinoamericana. Porque, señoras y señores, ¿cómo puede una organización que pretende hablar en nombre de toda la humanidad no haber tenido nunca a una mujer al frente del Sistema de Naciones Unidas? ¿Cómo va a representar a todos los continentes si desde hace tres décadas no le dejamos ocupar este puesto al tercero más poblado?”.

Por su parte, Annalena Baerbock, presidenta de la Asamblea General de la ONU en su 80.º período de sesiones, dijo: “La decisión de las Naciones Unidas sobre quién ocupará el décimo puesto de secretario general enviará un mensaje sobre si la organización representa realmente a las personas a las que tiene el mandato de servir, la mitad de las cuales, como ustedes saben, son mujeres y niñas. El liderazgo de la ONU no solo es importante para quienes trabajan aquí, sino también para miles de millones de personas en todo el mundo”.

El voto decisivo de los cinco miembros permanentes

Aunque el proceso de elección empieza a perfilarse, el candidato con mayor respaldo no necesariamente será quien ocupe el cargo. La clave estará en los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, incluidos Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China, cuyo derecho de veto puede bloquear cualquier candidatura. Solo con el consenso del referido órgano rector podrá un candidato ser recomendado a la Asamblea General, integrada por 193 Estados miembros, cuya aprobación final es, en la práctica, principalmente formal.

El proceso de votación estará condicionado por la actual geopolítica. La rivalidad entre Estados Unidos y China y las tensiones entre Rusia y Occidente por el conflicto en Ucrania complican las negociaciones. Según diversas interpretaciones, Washington y Moscú priorizan un perfil centrado en la seguridad, mientras Beijing concede mayor peso a los pilares del desarrollo de la organización. Mientras tanto, Francia y el Reino Unido han mantenido hasta ahora una posición pública más discreta, lo que podría convertirlos en mediadores entre los distintos intereses. En este contexto, según los observadores, los “perfiles” moderados, de bajo riesgo político y con experiencia técnica por ejemplo, en economía o tecnología podrían resultar más aceptables para las distintas potencias.

Independientemente de quién suceda a António Guterres a partir del 1 de enero de 2027, el próximo secretario general tendrá por delante una tarea de enorme envergadura. Deberá reforzar la capacidad de la ONU para promover la paz, hacer frente al rápido avance de la inteligencia artificial y liderar la respuesta internacional ante crisis cada vez más complejas, todo ello en un contexto de crecientes restricciones presupuestarias que limitan la capacidad operativa de la Organización.