Hay oficios tradicionales que perduran silenciosamente junto a las comunidades. Otros, empujados por el ritmo de la vida moderna, se desvanecen poco a poco. Sin embargo, el amor por su tierra natal y el deseo de preservar su identidad cultural han llevado a muchos jóvenes de la minoría étnica Mong establecida en la comuna de Ta Xua, provincia norteña de Son La, a rescatar la tradición del teñido con índigo. Gracias a las tinas de teñido tradicionales, a las telas de lino y a la destreza de los artesanos de este pueblo, un oficio ancestral vuelve a cobrar vida y se ha convertido, además, en una experiencia cultural que atrae a visitantes de todo el país.
Las mañanas en la aldea de Chong Tra comienzan con el característico aroma de las hojas de índigo. En el patio de una casa de madera, una gran tinaja junto al porche guarda el intenso azul del tinte. Hasta hace apenas unos años, recipientes como este casi habían desaparecido de los hogares de la comunidad Mong debido a la llegada de la ropa industrial, que sustituyó las tradicionales prendas de lino teñidas con índigo.
En aquel entonces, los jóvenes dejaron de aprender el oficio y solo unos pocos ancianos conservaban los conocimientos necesarios para realizarlo. Sin embargo, conscientes del valor de este patrimonio cultural, varios jóvenes decidieron recuperar una tradición que estuvo a punto de desaparecer.
Para los Mong de Ta Xua, el teñido con índigo es más que un procedimiento para obtener el color azul de sus tejidos. Lo consideran como un factor que representa sus orígenes.
Thao A Trong, uno de los artesanos autóctonos que preservan esta tradición, explicó: “Las costumbres varían de una comunidad a otra. En Ta Xua convivimos los habitantes de los grupos Mong Negro y Mong Si. Aunque utilizamos las mismas técnicas de tejido, los diseños decorativos son diferentes. Basta con observar los motivos de una prenda para saber a cuál de los dos grupos pertenece su propietario”.
Teñir una tela con índigo exige paciencia y precisión. La preparación del tinte es un proceso largo que requiere controlar cuidadosamente la fermentación para obtener un color intenso, uniforme y duradero.
Nguyen Trong Thinh, fundador del taller de teñido con índigo de Ta Xua, señaló: “Una tinaja de índigo recién preparada no puede utilizarse de inmediato. Necesita un período de fermentación que puede prolongarse hasta un mes para alcanzar la calidad óptima. Solo entonces el color adquiere toda su intensidad y permite producir tejidos cuya tonalidad puede conservarse durante décadas sin perder su brillo”.
Actualmente, el taller elabora alrededor de un centenar de piezas al mes y recibe a muchos visitantes interesados en conocer este oficio. Aunque la producción sigue siendo modesta, representa una oportunidad para demostrar que la preservación de la tradición puede ir de la mano del desarrollo turístico.
Durante la visita, los turistas descubren la historia de la planta del índigo, sumergen con sus propias manos un paño blanco en la cuba de tintura y observan cómo el tejido adquiere, inmersión tras inmersión, su característico color azul. Una experiencia sencilla que les permite acercarse a la cultura y a la vida cotidiana de los autóctonos.
Ta Nhung, visitante procedente de Hanói, expresó: “Lo que más me impresionó fue el proceso de teñido. Es sorprendente ver cómo una tela blanca se transforma en un intenso azul índigo. Además, las zonas cubiertas previamente con cera de abeja permanecen blancas y forman dibujos muy especiales. Lo mejor es que este tinte natural no destiñe al lavar la prenda junto con otras. Es un color único que identifica la vestimenta tradicional del pueblo Mong”.
Con pasión y perseverancia, los jóvenes autóctonos están devolviendo al arte tradicional del teñido con índigo el lugar que se merece. A través de este oficio, no solo preservan una técnica ancestral de su pueblo, sino también una parte esencial de su identidad cultural, demostrando que las tradiciones pueden perdurar cuando encuentran nuevas formas de transmitirse a las generaciones futuras.
