Cada mañana, cuando sale el sol y sus primeros rayos tiñen de dorado la superficie del mar, los barcos pesqueros regresan uno tras otro y atracan lentamente. El rugido de los motores se mezcla con el sonido de las olas y despierta toda la zona costera. El puerto cobra vida. Los pescadores se llaman unos a otros para saludarse y compartir las novedades, mientras las mujeres, con manos ágiles, retiran el pescado de las redes. Las capturas de pescado, camarones y otros mariscos, todavía frescos, se clasifican rápidamente para llegar a tiempo al mercado de primera hora.
Tran Van Cuong, un pescador local, compartió: “Este año tenemos muy buen tiempo. Hace sol, la temperatura es agradable y el mar está muy tranquilo. En esta salida, mi familia ha conseguido más de 20 kilos de pescado, además de camarones, cangrejos y otros mariscos. Cuando regresamos con una buena captura, la vida de la familia también mejora”.
Así transcurre el día a día de pescadores como Cuong, en Xuan Yen. La mayoría de ellos se dedica a la pesca costera con pequeñas embarcaciones de baja potencia. Cada día salen al mar entre la 1 y las 2 de la madrugada y regresan cuando comienza a salir el sol. Cada faena dura varias horas y depende por completo de las mareas y de las condiciones meteorológicas.
Con más de 50 años dedicados a la pesca, Nguyen Xuan Hao, relató: “La vida de los pescadores es dura, pero siempre tengo esperanza en que el mar nos dé abundante pescado y marisco para que nuestras familias puedan vivir cada vez mejor. Mi abuelo, mi padre, yo y ahora mi hijo hemos estado ligados al mar. Quienes vivimos de él, como yo, estamos acostumbrados al viento y a las olas. Por eso, aunque el sol nos haya curtido la piel, para los pescadores trabajar para nuestras familias y continuar el oficio de nuestros antepasados es una alegría”.
Siguiendo el oficio de sus padres y abuelos, muchos jóvenes de Xuan Yen comenzaron a familiarizarse con el mar desde muy temprana edad.
Nguyen Trong Hung, aldeano de Yen Ngu, dijo: “Cuando todavía estudiaba, a veces acompañaba a mi padre y a mis hermanos mayores a pescar cerca de la costa. Ahora llevo diez años trabajando en el mar. Muchos de mis amigos también han elegido la pesca como medio de vida. Aunque en algún momento nos fuimos de nuestra tierra, nunca dejamos de sentirnos ligados al mar y terminamos regresando”.
El pueblo pesquero de Xuan Yen cuenta con más de 500 familias, cuya principal fuente de ingresos es la pesca. En toda la comuna hay más de 300 barcos registrados, en su mayoría pequeños y dedicados a la pesca costera. Los buenos ingresos que genera esta actividad han permitido a los pescadores mejorar sus condiciones de vida. Además de salir al mar, los habitantes locales buscan constantemente nuevas formas de adaptarse y optimizar su actividad.
Tran Thi Nga, residente en la aldea de Hai Loi, lleva cerca de 30 años trabajando junto a su marido en el mar. La mujer compartió: “Desde tiempos remotos, la economía de Xuan Yen depende del mar. Cada mañana salen a pescar cerca de la costa unas 300 o 400 embarcaciones. Al regresar traen pescado “khoai”, además de arenque, caballa, jurel, camarones, cangrejos y otros mariscos. Me alegra mucho cuando conseguimos vender toda la pesca y obtener buenos ingresos. Siempre nos animamos unos a otros a seguir esforzándonos y trabajando en el mar para tener una vida mejor. Solo esperamos que el mar siga tranquilo y apacible para poder seguir trabajando en paz”.
Cuando el sol ya está alto, el ruido de los motores se va apagando y la playa recupera poco a poco su habitual tranquilidad. En la orilla, los barcos pesqueros permanecen alineados, mientras las banderas nacionales, de intenso rojo, ondean al viento y llenan de color el paisaje. Es precisamente este ritmo de vida sencillo el que da su carácter singular al pueblo pesquero de Xuan Yen, donde cada nuevo día comienza con el mar y los pescadores nunca dejan de depositar sus esperanzas en cada nueva salida.
