Esta iniciativa surge en medio de la persistente crisis de seguridad en la región, tras meses de ataques a buques mercantes. Esta situación ha obligado a numerosas navieras internacionales a desviar sus rutas hacia el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, lo que ha incrementado los costos de flete y prolongado los plazos de entrega hacia los mercados africanos y europeos.
Para África, la nueva alianza no solo fortalece la cooperación en materia de defensa, sino que también contribuye a proteger vías marítimas vitales. Egipto, Yibuti, Eritrea y Somalia ocupan posiciones estratégicas en la zona, mientras que Sudán posee una extensa costa en el mar Rojo, desempeñando un papel clave en la conexión entre el norte y el este del continente.
El estrecho de Bab el-Mandeb constituye uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta, al conectar el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. Cualquier interrupción en este punto afecta directamente al comercio exterior, al suministro energético y a la seguridad alimentaria de numerosas naciones africanas. Asimismo, una mayor cooperación marítima permitirá optimizar la lucha contra la piratería, el contrabando de armas, la pesca ilegal y la trata de personas en la región.
