La administración de este estratégico corredor marítimo prevé mantener parte del incremento del tráfico marítimo incluso después de que concluya el conflicto en Oriente Medio.
El presidente de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá, Víctor Vial, señaló que el número diario de buques en tránsito ha aumentado un 20 % desde el inicio de las tensiones, a finales de febrero. Antes del estallido del conflicto, el canal registraba un promedio de 34 embarcaciones diarias; actualmente la cifra oscila entre 38 y 41 buques.
El aumento de la demanda, especialmente para el transporte de petróleo, gas y carbón hacia mercados asiáticos como China, Japón y Corea del Sur, ha elevado las tarifas de tránsito a niveles récord.
El mes pasado, un buque de gas natural licuado llegó a pagar hasta cuatro millones de dólares para cruzar el canal, aunque Víctor Vial precisó que la mayoría de las tarifas se mantienen por debajo del millón de dólares.
A pesar del incremento de los costos operativos, incluidos los gastos por horas extra, el elevado volumen de carga y las ganancias obtenidas mediante subastas permiten proyectar un crecimiento de entre el 10 % y el 15 % en los ingresos del canal. No obstante, Vial advirtió que, en un mercado tan volátil, la situación puede cambiar rápidamente.
Durante el último año fiscal, el Canal de Panamá registró ganancias netas de 4.100 millones de dólares sobre ingresos totales de 5.710 millones. Para el ejercicio fiscal que concluye en septiembre de 2026, se estima que los ingresos alcancen unos 5.800 millones de dólares. En la primera mitad del actual período fiscal, las ganancias netas crecieron un 12 % interanual, alcanzando 2.300 millones de dólares.
Además, el número de cargamentos de petróleo procedentes de Estados Unidos con destino a Asia que atraviesan el Canal de Panamá casi se duplicó desde el inicio del conflicto, al pasar de siete a entre doce y catorce tránsitos diarios.
En este contexto, el director financiero subrayó que los cambios en las rutas comerciales globales podrían mantenerse incluso después del fin del conflicto, debido a los riesgos asociados a la dependencia energética de Oriente Medio.
