El presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, firmaron el Memorando de Entendimiento (MoU) el 17 de junio, tras unas negociaciones de alto nivel mediadas por Pakistán. El documento, compuesto por 14 puntos, aspiraba a poner fin a las hostilidades, reabrir el estrecho de Ormuz, flexibilizar determinadas restricciones financieras sobre Irán y sentar las bases para futuras negociaciones sobre el programa nuclear.
Las discrepancias sobre las actividades y el control en el estrecho de Ormuz, no obstante, debilitaron rápidamente este marco. El 8 de julio, Trump declaró que el memorando había «terminado». A partir de entonces, Washington desplazó el foco de su estrategia de la búsqueda de un acuerdo político al aumento de la presión económica.
Aunque el Memorando de Islamabad expira este 17 de agosto, ambas partes mantienen interpretaciones diferentes sobre su alcance y significado. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó el 14 de agosto que su contenido suponía “el fin de la guerra y no un acuerdo de alto el fuego”. Asimismo, sostuvo que, puesto que Estados Unidos había incumplido lo acordado y continuado sus ataques, “no existe ningún alto el fuego de 60 días que deba ser prorrogado”.
Por su parte, Trump y su Administración han endurecido su discurso sobre el estrecho de Ormuz y han adoptado medidas destinadas a intensificar la presión económica sobre Irán. El 14 de agosto, el presidente estadounidense afirmó que Washington planeaba declarar oficialmente el estrecho de Ormuz como territorio estadounidense.
Según los analistas, la expiración del Memorando de Entendimiento de Islamabad no implica necesariamente el cierre de la vía negociadora. El futuro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán dependerá, no obstante, de la capacidad de ambas partes para reducir sus diferencias y alcanzar un nuevo marco de entendimiento.
