Los incidentes dejaron, además, cientos de comercios saqueados, numerosos vehículos incendiados y alrededor de 1.500 establecimientos afectados, con pérdidas económicas de cientos de millones de euros.
Cientos de miles de personas participaron en las manifestaciones para protestar contra el encarecimiento del coste de la vida y el deterioro de las condiciones en los centros educativos.
En un mensaje a la nación pronunciado el 18 de octubre, el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que nada puede justificar la violencia descontrolada y prometió actuar con firmeza contra quienes la inciten o aprovechen la situación para cometer delitos. Por el momento, el Gobierno no ha declarado el estado de emergencia ni ha impuesto el toque de queda.
"Las decisiones que debemos tomar en los próximos seis meses serán cruciales para el futuro del país. Francia, con su larga tradición democrática, merece debatir seriamente su futuro en los espacios públicos y en el seno de los partidos políticos, no mediante la violencia callejera", dijo.
