Según el mandatario estadounidense, la alianza concede a Washington la capacidad indefinida de desplegar las operaciones necesarias para garantizar tanto la seguridad de Groenlandia como la de Estados Unidos. El pacto carece de fecha de expiración, asegurando una cobertura operativa permanente.
Bajo los términos establecidos, ningún rival de Washington podrá instalar infraestructura militar o ejecutar inversiones estratégicas sin el consentimiento previo y por escrito de Estados Unidos. Si bien el acuerdo incrementa de forma sustancial la presencia de las fuerzas armadas estadounidenses, no contempla la transferencia de la soberanía de Groenlandia a Washington.
