La sombra de la Luna recorrió el Ártico, el este de Groenlandia y el oeste de Islandia antes de cruzar el Atlántico, alcanzar la península ibérica y concluir su recorrido sobre el Mediterráneo. La franja de totalidad tuvo una anchura de unos 290 kilómetros y, en algunos puntos, la Luna ocultó por completo el Sol durante más de dos minutos.

Fuera de esa franja, una amplia región del hemisferio norte pudo contemplar un eclipse parcial. En numerosas zonas del Reino Unido, Irlanda, Francia, España y Portugal, gran parte del disco solar quedó cubierto.

La española Irene Gracia relató su experiencia al decir: “Me ha sorprendido muchísimo. Había visto algunas fotografías y muchas otras imágenes, pero contemplarlo en persona es mucho más espectacular”.

En Hendaya, en el suroeste de Francia y junto a la frontera española, el grado de ocultación alcanzó el 99,7 %. En París, numerosas personas se congregaron en la explanada de Los Inválidos para presenciar el fenómeno.

Thierry Bobain, un ciudadano francés, compartió lo siguiente: “Es maravilloso, realmente un espectáculo extraordinario. Estoy muy contento de haber podido disfrutarlo porque, cuando vuelva a ocurrir, en 2080, probablemente ya tendré cien años”.

La sombra de la Luna se desplazó sobre la superficie terrestre a una velocidad de unos 3.430 kilómetros por hora. Otras regiones, como Canadá, amplias zonas de América del Norte, el norte de África y varios países europeos, también pudieron observar el eclipse de forma parcial.

Alexei Filippenko, de la Universidad de California, en Estados Unidos, destacó el carácter excepcional de este fenómeno al decir: “Este fenómeno es extremadamente raro. Por término medio, se produce aproximadamente una vez cada año y medio. Sin embargo, para que vuelva a repetirse en un mismo lugar de la Tierra, normalmente hay que esperar unos 400 años”.