En un comunicado, la Alianza informó de que el aparato fue detectado en el este del país, a unos 35 kilómetros de la frontera con Rusia. La respuesta fue inmediata: se desplegaron dos cazas Eurofighter y dos F-16, que lograron interceptarlo y derribarlo.
El Ejército letón trabaja ahora en la recuperación de los restos para determinar su origen. Las autoridades aún no han llegado a una conclusión oficial, aunque consideran que el aparato podría haberse desviado hacia territorio letón debido a interferencias provocadas por operaciones de guerra electrónica en la zona.
El incidente se produce en un contexto de creciente utilización de drones en la guerra entre Rusia y Ucrania, lo que incrementa el riesgo de que estos aparatos crucen las fronteras e ingresen accidentalmente en el espacio aéreo de países miembros de la OTAN.
El episodio pone además de relieve el refuerzo de los sistemas de vigilancia de la Alianza y su disposición a proteger el flanco oriental.
