Esto implica que los sellos en pasaportes serán reemplazados por registros digitales de entrada y salida, y se denegará el acceso a viajeros extracomunitarios en estancias cortas que no cumplan los requisitos.

El sistema recopila datos biométricos, como imagen facial y huellas dactilares, junto con la información personal de los documentos de identidad. Su objetivo es modernizar el control fronterizo y frenar la inmigración irregular.

Según la Comisión Europea, más de 24.000 personas han sido rechazadas por documentos caducados o falsos, o por no justificar adecuadamente el motivo de su viaje. Además, más de 600 han sido identificadas como posibles riesgos para la seguridad.

El EES se aplica a ciudadanos no pertenecientes a la UE/Schengen para estancias de hasta 90 días. Irlanda y Chipre quedan exentos y mantienen controles manuales. También están excluidos ciudadanos de la UE/Schengen y personas con visados de larga duración o permisos de residencia.