La estrategia se articula en torno a cuatro prioridades: reforzar la seguridad y la resiliencia; enfrentar el cambio climático; impulsar la prosperidad económica; y generar nuevas oportunidades para los habitantes y las comunidades del Ártico.

La UE cooperará con sus Estados miembros, sus socios de la región y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para mejorar la preparación y la capacidad de respuesta ante emergencias, proteger las infraestructuras críticas y reforzar las capacidades operativas en condiciones meteorológicas extremas. Entre las medidas previstas figura el desarrollo de capacidades europeas para la construcción y operación de rompehielos.

El bloque comunitario también prevé crear un Centro de Seguridad Marítima con el fin de facilitar el intercambio de información entre los Estados miembros y sus socios, así como reforzar las capacidades de vigilancia marítima.

Asimismo, la UE aspira a conectar las infraestructuras europeas —incluidos los puertos marítimos, las redes ferroviarias, los centros energéticos y las redes digitales— con las redes de transporte y comercio que se están desarrollando en el Ártico.