La visita, la primera de Xi Jinping a Pyongyang en más de seis años, se produce semanas después de su cumbre con el mandatario estadounidense, Donald Trump, en Beijing. Durante ese encuentro, ambos líderes reafirmaron el objetivo de la desnuclearización de la península coreana.

En este contexto, el viaje se interpreta como un gesto de Beijing para mantener un canal directo con Pyongyang y reforzar su papel en los asuntos de seguridad regionales.

Analistas chinos consideran que la visita puede reforzar los lazos políticos entre ambos países y ampliar el margen de maniobra de Beijing en su equilibrio estratégico con Washington y otras partes interesadas en la península de Corea.