Entre los actos conmemorativos en honor a las víctimas de Chernóbil se encontraban el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, y la presidenta de Moldavia, Maia Sandu.
En una publicación en redes sociales, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtió del riesgo de que el mundo vuelva a estar al borde de una catástrofe provocada por el hombre e hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que no permita que continúe el “terrorismo nuclear”.
Hace 40 años, a la 1:30 de la madrugada del 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, situada a unos 100 km al norte de Kiev, explotó repentinamente durante una prueba de seguridad.
Según los expertos, la radiación contaminó tres cuartas partes de Europa, especialmente en Ucrania, Bielorrusia y Rusia, entonces parte de la Unión Soviética.
Según cifras de la ONU publicadas en 2005, se confirmaron aproximadamente 4000 muertes en Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Sin embargo, la organización ambientalista internacional Greenpeace posteriormente recalculó la cifra de fallecidos, elevándola a casi 100.000.
Tras el desastre, la central nuclear de Chernóbil continuó produciendo electricidad hasta el año 2000, cuando el último reactor operativo se vio obligado a cerrar debido a la presión internacional.
