En la lengua de la etnia Cham, este dulce recibe el nombre de Ginrong Laya. Su forma recuerda a un trozo de jengibre y su sabor conserva el inconfundible aroma de esta especia. Para los Cham, prepararlo no significa únicamente elaborar un alimento, sino también compartir una ocasión para fortalecer los lazos comunitarios. Por ello, nunca falta en las grandes festividades tradicionales, especialmente durante el Festival de Kate, la celebración más sagrada, singular y significativa de este pueblo.
Cada pieza se moldea completamente a mano, un trabajo que requiere destreza, paciencia y meticulosidad. Aunque la forma tradicional imita la raíz del jengibre, hoy muchos artesanos incorporan figuras inspiradas en elementos de la vida cotidiana del pueblo Cham, como peces, corales y otros símbolos asociados a la buena fortuna.
Una vez moldeados, los pasteles se fríen en aceite caliente. Durante la cocción, el artesano presiona suavemente ambas caras con unos palillos y una espátula para conservar su forma original. Cuando adquieren un tono dorado, se bañan en un almíbar preparado con azúcar caramelizada y jengibre fresco y, posteriormente, se dejan secar para lograr una textura aún más crujiente y facilitar su conservación. Un Ginrong Laya de buena calidad debe presentar una superficie blanca y lisa, una textura ligera y crujiente, un dulzor equilibrado y un delicado aroma a jengibre.
Nguyen Thi San, vecina de la aldea de Tinh My, en la comuna de Hong Thai, provincia central de Lam Dong, explicó: “Los ingredientes básicos para elaborar este pastel son huevos, harina de arroz glutinoso y azúcar. Para que adquiera su aroma característico, es imprescindible añadir jengibre y un poco de vainilla. Durante el Año Nuevo tradicional del pueblo Cham este pastel nunca puede faltar. Sea cual sea la circunstancia, siempre lo preparamos para ofrecerlo a nuestros antepasados”.
El Ginrong Laya está estrechamente ligado a una antigua leyenda de amor y fidelidad del pueblo Cham. Según la tradición, Nai Chrao Cho Pho, heroína legendaria cuyo simbolismo guarda semejanza con el de la protagonista de la leyenda vietnamita de Hon Vong Phu (la roca de la esposa fiel), esperaba cada día el regreso de su esposo, quien había partido a combatir mar adentro.
Consumida por la nostalgia, preparaba pasteles Ginrong Laya y los llevaba hasta la orilla del mar. Allí los dejaba partir mar adentro junto con peces y camarones, con la esperanza de que llegaran hasta su esposo y le transmitieran el anhelo de su regreso. Sin embargo, la espera fue en vano. La joven terminó convirtiéndose en piedra frente al mar, mientras que aquellos pasteles se transformaron en los coloridos arrecifes de coral que hoy cubren el fondo marino de Ca Na. Desde entonces, el Ginrong Laya simboliza la lealtad, la fidelidad y el amor inquebrantable entre los esposos.
En las ceremonias matrimoniales Cham, este dulce representa la fidelidad conyugal y la armonía entre el yin y el yang. Además, constituye una valiosa manifestación del patrimonio cultural de esta comunidad y contribuye a preservar su identidad.
No obstante, el acelerado ritmo de vida actual ha hecho que muchas familias Cham ya no dispongan del tiempo necesario para elaborarlo, por lo que suelen encargar su preparación a artesanos locales con motivo de las festividades tradicionales.
Con el propósito de preservar este oficio, Dang Thi Mai, también residente en la aldea de Tinh My, reunió a varias mujeres expertas en la elaboración del Ginrong Laya. Los primeros pedidos procedían únicamente de vecinos de la localidad, pero, gracias al prestigio alcanzado por este dulce tradicional, pronto comenzaron a llegar encargos desde distintos puntos de la provincia de Lam Dong e incluso de otras regiones del país. Entre sus clientes ya no figuran únicamente familias Cham, sino también personas de la etnia mayoritaria Kinh, sobre todo durante las festividades y el Año Nuevo.
Dang Thi Mai comentó: “Con un kilogramo de harina elaboramos cuarenta pasteles, que vendemos por 600.000 dongs, unos 23 dólares. De esa cantidad, alrededor de 200.000 dongs, casi ocho dólares, corresponden a la remuneración de cada persona que participa en la elaboración, mientras que quienes se encargan de freírlos reciben un pago algo mayor. Hace poco recibimos un pedido de diez kilogramos de harina; solo la mano de obra ascendió a unos dos millones de dongs, es decir, más de 76 dólares. Tras descontar todos los gastos, obtuvimos un beneficio cercano a un millón de dongs, unos 38 dólares. Lo más importante, sin embargo, es conservar este oficio tradicional y generar un ingreso adicional para las mujeres de la comunidad”.
En la actualidad, el Ginrong Laya elaborado por la comunidad Cham de la aldea de Tinh My aspira a convertirse en el primer producto del programa OCOP (Cada Comuna, Un Producto) de la comuna de Hong Thai, en la provincia de Lam Dong.
Con el objetivo de impulsar este oficio tradicional, el Comité de la Unión de Mujeres de Hong Thai puso en marcha el modelo “Mujeres emprendedoras: preservación del oficio tradicional del pastel de jengibre”, integrado por diez participantes. La iniciativa no solo contribuye a mejorar los medios de vida de la población local, sino que también materializa los programas de movilización comunitaria y apoyo mutuo entre las féminas para promover el desarrollo económico y la construcción de familias felices.
Mach Thi Xuan Thuy, presidenta del Comité de la Unión de Mujeres de la comuna Hong Thai, afirmó: “A través de este modelo seguiremos acompañando a las participantes mediante programas de capacitación técnica, apoyo para la adquisición de materias primas y asesoramiento en el diseño de envases y etiquetas. Asimismo, ofreceremos orientación para aplicar la transformación digital a la promoción y comercialización de sus productos y continuaremos facilitando su acceso al mercado, con el propósito de consolidar, de manera gradual, la marca del tradicional pastel de jengibre de la aldea de Tinh My, en la comuna de Hong Thai”.
Cada vez que se acercan festividades como Kate, Ramuwan o Rija Nugar, las mujeres de la aldea vuelven a reunirse para preparar los ingredientes, moler la harina y dar forma a los pasteles. Una vez terminados, los ensartan en pequeñas varillas de bambú, que colocan alrededor de postes de madera decorados con vivos colores antes de disponerlos solemnemente sobre el altar, junto con otros pasteles tradicionales.
Para el pueblo Cham, el Ginrong Laya constituye una ofrenda a los antepasados y expresa el deseo de una vida en paz, prosperidad y felicidad.
