Terminada la única cosecha del año, los habitantes de las comunidades Thai blancas asentadas en torno a los campos de Muong Tac, uno de los cuatro grandes campos arroceros del noroeste, dejan por un día el arado y la grada y se reúnen en torno a la mesa.

La jornada incluye un ritual dedicado al espíritu del búfalo, animal que ha acompañado a los agricultores durante las duras labores del campo. En él perviven las huellas de una cultura estrechamente ligada al cultivo del arroz de regadío.

En el dialecto Thai, Xip Xi buon chet designa el día 14 del séptimo mes lunar. De una sola jornada de duración, esta festividad ocupa un lugar destacado entre las tradiciones de los Thai blancos de Son La y de otras zonas del noroeste del país.

El Artista Destacado Hoang Van Ang explicó: “Durante la ceremonia, el dueño de la casa pone un poco de arroz glutinoso de cinco colores en la boca del búfalo y le da de beber una taza de aguardiente. Después, prepara algo de comida, una cesta con arroz y un pastel it uoi, para que los niños monten en el búfalo y lo lleven a pastar a la colina. Los adultos se quedan en casa comiendo y bebiendo. Cuando los niños se dan cuenta de esto, atan el hocico de los terneros y dejan que solo los búfalos adultos coman hierba. Por la tarde, al regresar y ver la escena, los adultos preguntan qué ha ocurrido. Los niños responden: los mayores han comido hasta saciarse y han bebido hasta emborracharse, mientras que los niños que han ido a pastorear los búfalos no han podido comer bien. Es como si los búfalos macho y hembra comieran hierba y las crías tuvieran que pasar hambre. A partir de entonces, los adultos comprendieron la lección y acordaron celebrar el Xip Xi también para los niños, para que pudieran disfrutar juntos, tal como se hace hoy”.

La tradición cuenta que, antiguamente, después del Año Nuevo Lunar, cada niño recibía un pollito recién nacido. Le marcaban la cabeza con tinta mediante una práctica denominada cay tac, señal de que se trataba de un gallo sagrado con dueño. Cuando llegaba el Xip Xi, el pequeño podía decidir qué plato preparar con su propio gallo.

Con la mecanización de las labores agrícolas, algunas familias han dejado de practicar íntegramente determinados rituales. Sin embargo, las costumbres asociadas a esta fecha se mantienen y se recrean durante las celebraciones festivas, acercando a los visitantes de distintos lugares la riqueza de la cultura popular de los Thai blancos.

Los preparativos comienzan uno o dos días antes. Las mujeres se ocupan de elaborar los pasteles it uoi, una ofrenda indispensable en el culto a los antepasados y, a la vez, un presente para familiares, amigos y huéspedes.

Sobre la mesa tampoco faltan el arroz glutinoso de cinco colores, el pescado de arroyo y, especialmente, el pato. Asociado a los ríos, los arroyos y los arrozales, este animal ocupa un lugar particular en las creencias locales. Su carne se ofrece con el deseo de que los patos se coman los insectos que perjudican los cultivos de arroz.

Hoang Thi Thu explicó: “El pastel it uoi, también conocido como pastel del amor, se elabora con arroz glutinoso de buena calidad, molido hasta obtener harina. El relleno lleva frijol nho nhe, una variedad característica de los pueblos del noroeste, además de judías verdes y carne de cerdo. El pastel se envuelve en dos mitades sobre una hoja y luego se dobla por la mitad, formando una pareja. En esta época es también la temporada de las bayas de sim. La gente sube al bosque para recoger sus frutos, maduros y jugosos, que enriquecen los sabores del Año Nuevo Xip Xi. En la mesa de los Thai blancos de Phu Yen están presentes todos los sabores de su tierra natal”.

Desde primera hora de la mañana, el Artista Destacado Hoang Van Ang se ocupa de los preparativos del ritual. Con casi 90 años, es uno de los chamanes más destacados de la aldea y un auténtico “diccionario viviente” de la cultura de los Thai blancos, especialmente de la historia y los orígenes remotos del Xip Xi.

Para la ocasión se habilita un espacio ritual dedicado al espíritu que gobierna la tierra. Solo se instala durante el Año Nuevo y únicamente el chamán puede representar a toda la comunidad ante esta entidad. Su cometido es invitarla a participar en la festividad, comunicarle que la cosecha ha sido buena y pedir su protección: que las casas construidas se conviertan en hogares prósperos; que las gallinas se multipliquen; que los campos den abundantes cosechas de arroz; que las alegrías permanezcan y que las desgracias sean expulsadas y arrastradas por el agua.

Una vez terminado el rito en su propia casa, el chamán recorre la aldea para ayudar a otras familias a invitar a sus antepasados y a los espíritus a regresar y compartir el Año Nuevo. Nguyen Minh Tuan explicó: “Los hijos y las nueras de la familia compran un gallo y un pescado y los colocan sobre el altar. El chamán viene a oficiar la ceremonia durante el almuerzo para pedir a los antepasados que protejan y bendigan a sus descendientes, para que todos gocen de buena salud, prosperen en sus actividades y disfruten de una vida próspera y tranquila”.

Más allá de los rituales, el Xip Xi es una expresión de hospitalidad y un momento para estrechar los vínculos entre los distintos grupos étnicos. En cada hogar se recibe a numerosos huéspedes, porque, según la creencia, cuantos más sean, mayor será la fortuna.

Hoang Van Un explicó: “El Xip Xi es una fiesta que solo tenemos los Thai. Por eso aprovechamos esta ocasión para invitar a nuestros hermanos y amigos a reunirnos, conversar y compartir un buen momento. Incluso si son personas a las que no conocemos, si viven cerca, también las invitamos. En general, así lo hacemos en toda la aldea”.

Entre los invitados se encuentra Ta Dinh Son, de la etnia Kinh, quien destaca el significado comunitario de la jornada: “Esta fiesta nos transmite un espíritu comunitario muy hermoso. Nos alegra que nuestros amigos sigan acordándose unos de otros en una ocasión como esta, porque así fortalecemos aún más la fraternidad y la solidaridad entre nuestras etnias”.

Las prácticas sociales, las creencias y los rituales vinculados al Año Nuevo Xip Xi de los Thai blancos de Phu Yen y Quynh Nhai, en la provincia de Son La, fueron reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional en 2024.

Después de cientos de años, el Xip Xi permanece vivo. La comunidad mantiene y promueve activamente estas costumbres, que no solo nutren el espíritu de los Thai blancos, sino que también hacen del patrimonio una fuente de riqueza cultural y contribuyen a fortalecer la identidad de Vietnam.