Desde las pinturas y los carteles propagandísticos realizados en los campos de batalla hasta las obras creadas en medio de las dificultades de los primeros años de construcción nacional y de la posterior resistencia contra los colonialistas franceses, los artistas vietnamitas contribuyeron a forjar una singular “crónica visual” de la historia del país.

El pintor Luong Xuan Doan, presidente de la Asociación de Bellas Artes de Vietnam, compartió: “Durante la histórica Revolución de Agosto, los artistas plásticos vietnamitas fueron de los primeros en salir a las calles. Grandes carteles cubrían todos los rincones de Hanói en aquel otoño histórico. Poco después, el presidente Ho Chi Minh proclamó en su Declaración de Independencia el nacimiento de la República Democrática de Vietnam”.

La exposición cultural celebrada en octubre de 1945 en la Casa Khai Tri Tien Duc, junto al lago Hoan Kiem, fue uno de los primeros acontecimientos destacados en el ámbito de las bellas artes tras la Revolución de Agosto. En un contexto en el que más del 90 % de la población aún era analfabeta, la muestra se convirtió en un eficaz instrumento de propaganda, movilización y educación. Sin embargo, el país recién independizado tuvo que afrontar enormes dificultades. El regreso de los colonialistas franceses y los enfrentamientos en el sur desembocaron, el 19 de diciembre de 1946, en el estallido de la resistencia nacional.

En ese contexto, la literatura y las artes se convirtieron en una fuerza importante. El profesor asociado y doctor Nguyen The Ky, vicejefe del Consejo Teórico Central del período 2021-2026, afirmó: “Al iniciar la resistencia contra los colonialistas, tuvimos que movilizar todas las fuerzas: el ejército, las fuerzas de defensa y todos los sectores de la población. Entre estas fuerzas, la literatura y las artes también desempeñaron un papel fundamental”.

Los pintores que se unieron a la resistencia abandonaron la vida urbana para dirigirse a las zonas de combate, donde compartieron con los soldados y la población el hambre, el frío y las penurias. Luong Xuan Doan añadió: “La vida de los artistas reflejaba las dificultades que atravesaba el pueblo. Aquella generación dorada de la Universidad de Bellas Artes de Indochina, que había disfrutado de una vida acomodada en Hanói, lo dejó todo para responder al llamamiento del presidente Ho Chi Minh. Los pintores soportaron las mismas carencias y pasaron hambre y frío junto a los soldados del tío Ho”.

A partir de aquel otoño de 1945, surgieron grandes nombres de la pintura vietnamita cuya trayectoria quedó estrechamente vinculada a la Revolución y la resistencia, entre ellos To Ngoc Van, Nguyen Do Cung, Tran Van Can, Nguyen Sang, Duong Bich Lien, Nguyen Tu Nghiem, Phan Ke An y Diep Minh Chau.

A través de sus obras, el presidente Ho Chi Minh, los combatientes y el pueblo en resistencia se convirtieron en figuras emblemáticas de las bellas artes revolucionarias.

“Podemos decir que el cuadro Hanói se levanta, pintado por el maestro To Ngoc Van en 1946, plasma el llamamiento del presidente Ho Chi Minh: una joven con el ao dai ondeando al viento sobre las barricadas de Hanói. En 1947, desde los manglares de Dong Thap, el escultor y pintor Diep Minh Chau realizó con su propia sangre sobre seda la obra Bac Ho va ba thieu nhi Trung - Nam - Bac (El tío Ho y tres niños del centro, el sur y el norte)”, destacó el pintor.

En las duras condiciones de la guerra, una de las aportaciones más singulares de los pintores fue su capacidad para captar la realidad sobre el terreno. Un cuaderno, unos trazos de lápiz o unas pinceladas de acuarela bastaban para dejar constancia de una marcha, un descanso o el rostro de un soldado. Los dibujos y carteles propagandísticos llegaban rápidamente al público y, en ocasiones, se exponían incluso en puestos de descanso o unidades militares durante las campañas.

Según Luong Xuan Doan, el lenguaje visual permitía así preservar la historia y, al mismo tiempo, despertar emociones de forma directa. El artista destacó: “La vía más rápida era el dibujo realizado en el campo de batalla, seguido de los carteles propagandísticos, que llegaban rápidamente a la sociedad. Era un lenguaje directo. La primera impresión es visual, ya que desde el momento en que los ojos entran en contacto con una obra, esta puede despertar emociones de inmediato. No hacía falta incluir ningún llamamiento explícito en el cuadro; el artista tampoco necesitaba expresarse con palabras, sino a través del lenguaje de la pintura y de sus propios sentimientos y emociones plasmados en la obra”.

Los pintores-soldados estuvieron presentes en los grandes momentos de la historia nacional. Su capacidad de observación rápida y sensible permitió dejar retratos espontáneos de una época, que combinan la emoción artística con el valor de testimonios directos de la historia.

Cada artista desarrolló su propio lenguaje y estilo, pero todas esas obras compartieron un mismo hilo conductor: Vietnam y su pueblo. Desde los primeros dibujos realizados durante la resistencia hasta el arte contemporáneo, generaciones de artistas han buscado reflejar su tiempo y vincular la creación artística con la realidad del país. Sus líneas, colores y formas, fruto del talento, la entrega y, en muchos casos, del sacrificio de varias generaciones, han contribuido a enriquecer el patrimonio cultural de Vietnam.