El memorando de entendimiento, conocido también como Memorando de Islamabad debido al papel mediador desempeñado por Pakistán, con el apoyo de Catar, Arabia Saudita, Turquía y Egipto, fue firmado de forma electrónica y a distancia por el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian. Trump rubricó el documento desde Francia, donde participaba en la Cumbre del Grupo de los Siete (G7), mientras que Pezeshkian lo hizo desde Irán.

Está previsto que los representantes de ambas partes, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, se reúnan el 19 de junio en Suiza para avanzar en las siguientes fases de negociación.

El fin de las hostilidades

Según los detalles divulgados por el Gobierno estadounidense, el acuerdo consta de 14 puntos y tiene como objetivo poner fin al conflicto iniciado entre ambas partes a finales de febrero de 2026, así como reducir la tensión en Oriente Medio.

El documento establece el cese permanente de las operaciones militares, los ataques aéreos y los enfrentamientos en todos los frentes, incluidos los relacionados con el Líbano. Asimismo, ambas partes acordaron prolongar el alto el fuego durante 60 días para facilitar las negociaciones posteriores.

Uno de los puntos más relevantes es el compromiso de Irán de restablecer de inmediato el tránsito seguro de buques comerciales internacionales por el estrecho de Ormuz. A cambio, Estados Unidos iniciará el proceso para levantar completamente el bloqueo naval contra los puertos iraníes en un plazo de 30 días.

La reanudación del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que circula cerca del 20% del petróleo y el gas exportados a nivel mundial, representa una noticia positiva para la economía global. Desde el inicio del conflicto y el cierre de esta ruta marítima, el suministro energético internacional ha sufrido una de las interrupciones más graves de la historia, lo que ha debilitado las perspectivas de crecimiento mundial y ha vuelto a impulsar la inflación en numerosos países, incluido Estados Unidos.

El propio Trump reconoció que la preocupación por las consecuencias económicas del conflicto fue uno de los factores que favorecieron el entendimiento con Irán.

“Lo único que no quiero es una catástrofe económica. Si esta situación continúa, esa posibilidad podría convertirse en una realidad. Lo que he observado es que, cada vez que hablamos de la posibilidad de alcanzar la paz, los mercados bursátiles reaccionan con fuertes subidas, como un cohete; nunca ocurre lo contrario”, reiteró.

En cuanto al programa nuclear iraní, ambas partes acordaron que, hasta alcanzar un acuerdo definitivo, Irán mantendrá congelada la situación actual y no aumentará el enriquecimiento de uranio hasta niveles elevados. A cambio, Estados Unidos se comprometió a no imponer nuevas sanciones ni desplegar más tropas en la región.

El acuerdo también incluye aspectos financieros, como la liberación de activos iraníes congelados en el extranjero, valorados en unos 25.000 millones de dólares, y la posibilidad de crear un fondo de 300.000 millones de dólares destinado a la inversión y reconstrucción de Irán. Esta iniciativa estaría acompañada de una hoja de ruta para reducir progresivamente las sanciones económicas estadounidenses.

Los desafíos pendientes

La firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto en Oriente Medio ha recibido un amplio respaldo internacional. Sin embargo, analistas y observadores advierten que el documento constituye solo el primer paso de un proceso complejo que afrontará importantes retos durante los próximos 60 días.

El primero está relacionado con Israel y el frente libanés. Israel participó junto con Estados Unidos en la guerra contra Irán, pero no forma parte del acuerdo. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó que esta decisión corresponde a Trump y subrayó que Israel mantiene sus propios objetivos de seguridad.

Por ello, las operaciones militares que Israel continúa desarrollando en el Líbano podrían reactivar la espiral de violencia y poner en peligro el compromiso de “poner fin a los combates en todos los frentes” recogido en el memorando.

Otro reto clave es la cuestión nuclear. El plazo de 60 días podría resultar insuficiente para alcanzar un consenso sobre un asunto complejo que ambas partes han negociado durante más de una década.

El profesor asociado Andreas Krieg, de la Escuela de Estudios de Seguridad del King’s College de Londres (Reino Unido), señaló: “El principal desafío del acuerdo nuclear sigue estando en los detalles, más que en la voluntad general de ambas partes. En principio, existe un consenso sobre la idea de que Irán no debe convertirse en un Estado poseedor de armas nucleares. Parece haber un compromiso firme en ese sentido. Sin embargo, todavía quedan cuestiones por resolver, como el nivel de enriquecimiento de uranio que será aceptado, los mecanismos de supervisión y verificación del acuerdo, así como su aplicación efectiva. Además, sigue pendiente determinar qué ocurrirá con las reservas de uranio altamente enriquecido que Irán posee actualmente. Se cuestiona quién se encargará de supervisarlas, cuánto podrá conservar Irán y, en caso de que no pueda mantenerlas, cuál será su destino”.

Para la administración de Trump, la presión política interna constituye otro importante reto. Varios congresistas estadounidenses cuestionan las condiciones financieras del acuerdo, al considerar que favorecen a Irán, y exigen que el inquilino de la Casa Blanca presente el documento ante el Congreso para su votación.

El senador Richard Blumenthal, del Partido Demócrata por Connecticut, declaró: “Estamos regresando a la situación existente antes del inicio de la guerra, pero con una diferencia. Ahora nuestra posición es más débil e Irán parece encontrarse en una posición más favorable. Hay algo que resulta incuestionable: el presidente debe comparecer ante el Congreso, algo que no ha hecho hasta ahora, ya sea para decidir sobre la continuidad de la guerra o para alcanzar un acuerdo de paz. Debe acudir al Congreso”.

Además, los obstáculos técnicos en el estrecho de Ormuz, como la localización y neutralización de minas marinas o la retirada de los elementos que quedaron tras el conflicto, representan también un desafío considerable.

Por último, la ausencia de mecanismos sólidos de supervisión sigue siendo una preocupación. El memorando establece un mecanismo de coordinación conjunta, pero no contempla medidas suficientemente firmes en caso de incumplimiento por alguna de las partes.

En un contexto de profunda desconfianza entre Washington y Teherán, cualquier incidente marítimo o acusación de incumplimiento podría poner en riesgo la continuidad del acuerdo.