La crisis de Ormuz, desencadenada a principios de 2026, se ha convertido en uno de los mayores sobresaltos geopolíticos para el sistema energético internacional desde la década de 1970.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), cualquiera que sea el desenlace del conflicto, el mapa energético mundial ya está inmerso en una profunda reconfiguración.
Crisis de los puntos de estrangulamiento
La renovada escalada entre Washington y Teherán ha provocado un nuevo bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo crudo y del gas natural licuado (GNL) comercializados en el mundo. Como consecuencia, el Brent del mar del Norte cotizaba a mediados de esta semana en torno a 85 dólares por barril. Los analistas advierten de que, si el conflicto se prolonga, el precio podría superar rápidamente los 100 dólares por barril.
Los intentos de establecer un mecanismo permanente de supervisión y gestión del estrecho sin la participación de Irán, promovidos por Omán junto con Estados Unidos y varios países de la región, tampoco han logrado avances significativos.
Aaron David Miller, investigador principal de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, consideró: “Las autoridades omaníes parecen convencidas de haber encontrado una solución, según la cual la denominada ruta meridional, que discurre esencialmente a lo largo de la costa de Omán, garantizaría una navegación libre y sin restricciones. Sin embargo, la respuesta de Irán ha quedado patente con el ataque perpetrado contra un buque mercante. Pensar que Teherán renunciará con facilidad, rapidez o de forma voluntaria al instrumento de presión que acaba de adquirir, el control de facto sobre el estrecho de Ormuz, constituye, a mi juicio, un gravísimo error de cálculo”.
La preocupación por la seguridad energética mundial aumenta además por la tensión en el estrecho de Bab el-Mandeb, en el mar Rojo. El movimiento hutí de Yemen ha advertido de que cerrará esta vía si Estados Unidos intensifica sus ataques contra Irán. De materializarse este escenario, el suministro energético mundial sufriría un duro golpe.
Petras Katinas, investigador del Instituto Real de Servicios Unidos para Estudios de Defensa y Seguridad (RUSI) del Reino Unido, explicó: “La ruta del mar Rojo ha adquirido una importancia mucho mayor, ya que ha dejado de ser un simple corredor marítimo entre Europa y Asia para convertirse en una de las principales alternativas al estrecho de Ormuz. Así lo demuestran los datos: durante el primer trimestre de 2026, el volumen de petróleo transportado a través del estrecho de Bab el-Mandeb alcanzó aproximadamente los 5,4 millones de barriles diarios, a medida que productores y operadores comerciales buscaban rutas alternativas ante las interrupciones en Ormuz. En consecuencia, este corredor desempeña hoy un papel esencial como vía de tránsito alternativa”.
Un nuevo mapa energético
Las convulsiones en Oriente Medio están impulsando a numerosos países a redefinir sus estrategias de seguridad energética. Uno de los principales cambios consiste en pasar de priorizar el menor coste a privilegiar la fiabilidad del suministro. Cada vez más importadores aceptan pagar más por abastecerse de socios políticamente estables y conectados mediante rutas seguras.
Paralelamente, los países del Golfo aceleran la construcción de infraestructuras para reducir su dependencia de Ormuz. Los Emiratos Árabes Unidos amplían el oleoducto que conecta sus campos petroleros con el puerto de Fujairah, mientras que Arabia Saudita aprovecha al máximo la capacidad de su oleoducto Este-Oeste.
Naveen Das, analista sénior del mercado petrolero de Kpler, señaló: “Existen varios oleoductos de importancia estratégica. El primero es el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que transporta crudo desde el golfo Pérsico hasta el mar Rojo y todavía dispone de capacidad para mover unos cinco millones de barriles diarios adicionales. A ello se suma el oleoducto de los Emiratos Árabes Unidos, cuya capacidad ronda los dos millones de barriles diarios. No obstante, no todo el volumen exportado puede desviarse por estas infraestructuras; en términos teóricos, únicamente alrededor del 45 % podría redirigirse. Además, existe un oleoducto que conecta la región del Kurdistán iraquí con Turquía y permite la salida del crudo hacia el Mediterráneo”.
La reconfiguración también alcanza al equilibrio entre la oferta y la demanda. Japón y Corea del Sur impulsan la Comunidad Asiática para las Emisiones Netas Cero (AZEC), que incorpora mecanismos de cooperación para garantizar el suministro energético en situaciones de emergencia. En Asia meridional, la India ha diversificado sus importaciones energéticas hasta abastecerse de casi cuarenta países.
Al mismo tiempo, los países importadores estrechan vínculos con proveedores situados fuera del área de influencia de Ormuz. Estados Unidos, el mar del Norte, África occidental, especialmente Angola y Nigeria, y América Latina reciben un creciente volumen de inversiones y contratos de suministro a largo plazo para reforzar la resiliencia del sistema energético internacional.
