Tras la declaración del pasado 8 de julio del presidente estadounidense, Donald Trump, quien afirmó que “el acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán ha terminado”, las fuerzas armadas estadounidenses lanzaron una serie de ataques a gran escala contra la República Islámica. En respuesta, Teherán atacó bases militares del país norteamericano y de sus aliados en la región del Golfo.
Desenlace difícil de evitar
Las acciones militares, que se intensifican día a día entre ambos países, se ven alimentadas por la retórica hostil de sus líderes. El 13 de julio, Trump anunció el restablecimiento del bloqueo naval a los puertos iraníes y sugirió imponer una “tarifa de protección” equivalente al 20 % del valor de las mercancías transportadas por los buques que transiten por el estrecho de Ormuz, lo que, en la práctica, supondría ejercer un control sobre esta vía marítima. En paralelo, Irán anunció el cierre de dicho estrecho desde el 12 de julio.
Estos acontecimientos reavivan las tensiones hasta su nivel más alto desde la fase de conflicto total, con la única excepción de la participación de Israel. Para la mayoría de los expertos, la causa fundamental sigue siendo la disputa en torno a la interpretación del Memorando de Entendimiento sobre el alto el fuego, firmado el 17 de junio, especialmente por las cláusulas ambiguas relativas al estrecho de Ormuz.
Thomas Juneau, investigador del Programa de Oriente Medio y Norte de África de Chatham House (Reino Unido), analizó: “Inicialmente, el memorando de entendimiento tenía como objetivo poner fin a los combates y reabrir el estrecho de Ormuz, estableciendo un marco amplio y ambiguo para negociaciones más complejas. Sin embargo, esa misma ambigüedad hizo inevitables las discrepancias en su interpretación, impidiendo que el cese de la violencia se materializara. Esto era previsible y es precisamente lo que estamos presenciando hoy”.
Mientras tanto, Aaron David Miller, miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional y exnegociador para Oriente Medio del Departamento de Estado de Estados Unidos, señaló que la Administración Trump calculó erróneamente la determinación de Irán de defender el estrecho de Ormuz. Tras recordar que las autoridades iraníes consideran esta vía marítima más importante incluso que su programa nuclear, estimó poco probable que esa postura cambiara, incluso ante una campaña militar a gran escala por parte de Washington. Miller apuntó: “No creo que la Administración Trump busque ese escenario, por lo que podría convertirse en una nueva normalidad, aunque difícil de mantener a largo plazo. Con el bloqueo naval, Irán sufrirá pérdidas económicas, pero la economía petrolera mundial también sufrirá sus consecuencias”.
Diplomacia tras bambalinas
La rápida escalada ensombrece las ya frágiles esperanzas de una solución diplomática. Los contactos más recientes entre ambos países se dieron de forma indirecta en Doha, con la mediación de Catar y Pakistán. Por el momento, los diálogos técnicos de 60 días previstos en Suiza en virtud del memorando de entendimiento se consideran inviables.
Sin embargo, la vía diplomática no está completamente cerrada. Según los observadores, la afirmación de Trump de que el alto el fuego ha terminado no implica necesariamente un punto final. Tras un año y medio de su segundo mandato, las declaraciones de Trump no siempre reflejan sus verdaderas intenciones y, en ocasiones, sus decisiones posteriores han ido en una dirección distinta. Al respecto, el experto Thomas Juneau señaló: “Cuando Trump afirma que el alto el fuego ha terminado, en parte expresa su escepticismo respecto del acuerdo, una postura compartida por muchos. No obstante, también deja abierta la posibilidad de seguir negociando con Irán a través de canales indirectos. Aunque el acuerdo es extremadamente frágil, no ha desaparecido por completo”.
En términos generales, los analistas sostienen que la vía diplomática es la única alternativa sostenible, ya que ambas partes parecen haber alcanzado el límite de su capacidad de escalada.
Por otra parte, los canales de negociación tras bambalinas permanecen abiertos. La mediación de actores regionales como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Pakistán para rebajar la tensión mantiene una fuerte presión internacional a favor de la desescalada.
Así pues, aunque la probabilidad de alcanzar una solución integral a corto plazo es reducida debido a la profundidad de las diferencias entre ambas partes y la escalada del conflicto, la presión sobre la economía mundial, los riesgos para la seguridad energética y el creciente desgaste de ambos contendientes podrían obligarlos a aceptar un “acuerdo de reducción de riesgos” de carácter temporal como paso previo a la búsqueda de una solución más duradera.
