En estas elecciones, los votantes estadounidenses elegirán a los ocupantes de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y de 33 de los 100 puestos del Senado. Antes de la jornada electoral, unos 54 millones de ciudadanos ya habían votado por adelantado, bien de forma presencial o por correo.

Un barómetro de la opinión pública

En la historia de Estados Unidos, las elecciones legislativas de medio término se concibieron como una especie de termómetro para medir la opinión pública a mitad del mandato presidencial y conocer cómo valora la ciudadanía la gestión del presidente en ejercicio.

Desde mediados del siglo XIX, estas votaciones han ido adquiriendo cada vez más importancia y, con frecuencia, han abierto la puerta a grandes cambios políticos. Según los observadores, este año podría repetirse un escenario similar.

En concreto, la mayoría de las encuestas realizadas en Estados Unidos antes de los comicios apuntan a que el Partido Demócrata tiene bastantes posibilidades de hacerse con la mayoría en la Cámara de Representantes. También se podría dar alguna sorpresa en la contienda por el Senado. Esta tendencia se debe, principalmente, al descontento de los votantes estadounidenses ante diversos problemas que afectan actualmente a su vida cotidiana.

Larry Sabato, director del Centro de Política de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), señaló: “El principal problema, sin lugar a dudas, es el coste de la vida. La gente está muy descontenta con los precios de los alimentos, algo que Donald Trump prometió reducir desde el primer día de su segundo mandato. Sin embargo, en realidad, los precios no han dejado de subir. Los de la gasolina y el diésel también se han disparado, como consecuencia de lo que la mayoría de la población considera un error: la guerra contra Irán. ¿Tiene algún sentido que Estados Unidos haya actuado de esa manera? Cerca del 70 % de los estadounidenses considera que no tiene ningún sentido”.

En la misma línea, Samara Klar, profesora de Ciencias Políticas de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de Arizona, considera que, por regla general, en las elecciones de medio término el partido del presidente en ejercicio suele perder parte del apoyo electoral. Todo apunta a que este año podría repetirse ese patrón, ya que el índice de aprobación de Trump se encuentra por debajo de los niveles habituales.

Sin embargo, existen otros factores que podrían alterar los resultados, por lo que las encuestas no permiten dar nada por seguro. En las anteriores elecciones a mitad de mandato celebradas en Estados Unidos, la participación se situó entre los 110 y los 120 millones de votantes, lo que representa entre el 45 % y el 50 % del electorado. En esta ocasión, el nivel de participación podría influir considerablemente en los resultados del Partido Republicano.

Por otra parte, Debra Leiter, profesora asociada de la Universidad de Missouri-Kansas City, advirtió de otro riesgo: cada vez más personas recurren a programas de inteligencia artificial (IA) para responder a las encuestas en su nombre, lo que puede dar lugar a respuestas engañosas y distorsionar los resultados.

“La falta de precisión de las encuestas, sumada al uso indebido de la IA, puede ofrecer a los votantes una imagen completamente distorsionada de cómo se están desarrollando las elecciones. Lo que más me preocupa es que esto influya en sus decisiones: no solo a la hora de elegir a quién votar, sino incluso a la hora de decidir si acudir o no a las urnas”, estimó Leiter.

Posibles repercusiones en la política exterior

Los resultados de las elecciones de medio término en Estados Unidos pueden tener repercusiones que van más allá de sus fronteras y reflejarse claramente en la política exterior del país.

Durante los dos últimos años, el control republicano de ambas cámaras del Congreso ha facilitado a Trump la promoción y modificación de algunas de sus principales políticas, tanto en el ámbito interno, especialmente en materia de sanidad y energía, como en el exterior, sobre todo en lo relativo al conflicto entre Estados Unidos e Irán y a las relaciones con sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Sin embargo, si los demócratas obtienen buenos resultados en estos comicios, podrían tener más capacidad para frenar las iniciativas de Trump en numerosos ámbitos. En política exterior, uno de los asuntos más relevantes sería la limitación de las facultades del presidente para gestionar el conflicto con Irán.

En vísperas de las elecciones, varios medios de comunicación estadounidenses, citando a funcionarios anónimos de la Administración, han informado de la posibilidad de que Washington reanude una campaña militar a gran escala contra Irán si los republicanos no obtienen un resultado favorable en las urnas.

Durante su campaña electoral, el propio Trump también ha dejado entrever esta posibilidad al afirmar que “todavía quedan algunas cosas por hacer en Irán”, aunque al mismo tiempo ha asegurado que el conflicto terminará muy pronto.

Wang Jin, experto en Oriente Medio y profesor asociado de la Universidad del Noroeste de China, señaló: “La política de Estados Unidos hacia Irán se caracteriza por una combinación aparentemente contradictoria entre una postura dura y la disposición al diálogo. En los últimos tiempos, el enfoque de Washington ha mantenido una línea dura. Una de las razones es la proximidad de las elecciones de medio término: Washington necesita mostrar firmeza para consolidar el apoyo interno a su política en Oriente Medio. Otra razón es que espera mantener la presión sobre Irán para obligarlo a hacer concesiones”.

Otro foco de tensión que podría afectar los comicios de este 3 de noviembre es el conflicto entre Rusia y Ucrania. A finales del pasado octubre, negociadores de Estados Unidos, Rusia y Ucrania acordaron reunirse este mes en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos (EAU), para reanudar las conversaciones destinadas a poner fin al conflicto.

Sin embargo, funcionarios rusos han señalado en varias ocasiones que las conversaciones sólo tendrán lugar después del 4 de noviembre, es decir, una vez conocidos los resultados de las elecciones.

Este posicionamiento indica que tanto Moscú como Kiev quieren conocer con mayor claridad los posibles cambios en la política exterior estadounidense antes de volver a sentarse a la mesa de negociaciones.