El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, afirmó el 22 de junio que Europa necesita disponer de un canal de comunicación directo con Rusia para poder transmitir sus propios mensajes cuando llegue el momento de negociar.
Frente diplomático
Las declaraciones de Costa realizadas ese mismo día durante la Cumbre entre la Unión Europea (UE) y Moldavia constituyen la tercera ocasión, en menos de un mes, en la que este funcionario defiende la necesidad de que la UE establezca un canal diplomático directo con Rusia. De hecho, recientemente la Oficina del Consejo Europeo ha mantenido contactos diplomáticos puntuales con el Kremlin con el objetivo de abrir esa vía de comunicación. El pasado 19 de junio, durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE celebrada en Bruselas, Costa respaldó con firmeza esta iniciativa pese a las críticas de algunos Estados miembros.
A juicio del presidente del Consejo Europeo, el prolongado estancamiento del conflicto entre Rusia y Ucrania obliga al Viejo Continente a replantear su estrategia hacia Moscú. No basta con mantener la presión mediante sanciones e intensificar el apoyo a Ucrania. También resulta necesario abrir un frente diplomático, sobre todo cuando Europa ha quedado sistemáticamente al margen de unas negociaciones que, hasta ahora, han reunido únicamente a Rusia, Ucrania y Estados Unidos.
Antonio Costa añadió: “Lo que estoy haciendo es abrir un canal diplomático porque, cuando queremos dialogar con Rusia, debemos escuchar directamente su posición y, cuando tengamos un mensaje que transmitir, debemos hacerlo también de forma directa”.
Esta postura cuenta con el respaldo de numerosos dirigentes europeos, entre ellos la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el mandatario francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Todos coinciden en que, aunque la UE no actúe como mediadora, sino como parte que apoya a Ucrania, debe estar presente en la mesa de negociación para defender sus propios intereses en materia de seguridad, economía y geopolítica.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, afirmó: “Cuando comiencen las negociaciones, los europeos deberán estar presentes, porque los intereses de Europa están en juego. Esos beneficios guardan relación, en primer lugar, con lo que sucede en Ucrania y con la ayuda que hemos prestado; también con el proceso de ampliación, que preocupa a los europeos, así como con el apoyo financiero y los préstamos que hemos concedido en el marco financiero vigente. Por ello, la Unión Europea debe estar representada y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, en el ejercicio de sus responsabilidades, ocupará un asiento en la mesa de negociación”.
Aunque algunos Estados miembros, principalmente de Europa Oriental y de la región báltica, mantienen una actitud prudente ante esta iniciativa, Ucrania la ha acogido favorablemente. En las últimas semanas, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha instado a Europa a asumir un papel más activo ante el estancamiento de las conversaciones trilaterales entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania desde la última ronda celebrada a mediados de febrero en Ginebra (Suiza).
Al mismo tiempo, la presión para poner fin al conflicto por la vía diplomática también aumenta en Ucrania. Prueba de ello es la carta que Zelenski remitió al presidente ruso, Vladímir Putin, el pasado 4 de junio.
¿Cómo dialogar?
La cuestión para la UE ya no parece ser si debe entablar un diálogo directo con Rusia, sino cómo hacerlo.
Giorgia Meloni figura entre las principales defensoras de la designación de un enviado especial de la UE para gestionar los contactos con Moscú. La propuesta comenzó a cobrar fuerza a principios de este año y el excanciller alemán Gerhard Schroder llegó a ser considerado un candidato idóneo gracias a la estrecha relación personal que mantiene con varias generaciones de dirigentes rusos. Sin embargo, algunos Estados miembros rechazaron esa posibilidad, al igual que los intentos de Alemania, Francia y el Reino Unido, integrantes del denominado grupo E3, de asumir el liderazgo diplomático europeo en un eventual diálogo con Rusia.
El 17 de junio, Meloni reconoció que alcanzar un consenso resultaría aún más complicado si esas iniciativas diplomáticas quedaran en manos de un reducido grupo de grandes potencias europeas.
“Creo que, si queremos avanzar en este asunto, no deberíamos designar a un dirigente de uno de los grandes países de Europa. A mi juicio, elegir a alguien de uno de esos países dificultaría aún más la posibilidad de alcanzar un acuerdo. Por ello, me inclinaría por un representante de una potencia media de la Unión Europea”, manifestó.
Según diversos analistas, Europa cuenta en estos momentos con un elemento favorable. Concretamente, la tensión en Oriente Medio ha disminuido de forma temporal tras el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán, lo que podría llevar a la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, a prestar de nuevo una mayor atención al conflicto entre Rusia y Ucrania. Esa impresión se reforzó tras la Cumbre del Grupo de los Siete (G7), celebrada la semana pasada en Evian (Francia), donde Trump realizó varias declaraciones sobre el conflicto.
No obstante, la continuidad de una política firme hacia Rusia podría hacer que Moscú no considere prioritario reanudar el diálogo en esta fase.
En ese sentido, el pasado 19 de junio, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, declaró lo siguiente: “Los europeos deberían observar atentamente la realidad, incluida la evolución del conflicto en Ucrania. Si surgen en Europa fuerzas que comprendan la necesidad de reanudar el diálogo con Rusia, no para impartir lecciones ni lanzar ultimátums, sino para entablar un diálogo auténtico basado en una comunicación bidireccional, entonces, el presidente Putin y la parte rusa estaremos dispuestos a considerar esa posibilidad”.
Los analistas también advierten que, aunque Washington haya vuelto a prestar cierta atención a la cuestión ucraniana, altos responsables estadounidenses continúan criticando a Europa mediante declaraciones sobre el reajuste del despliegue de las fuerzas militares de Estados Unidos en el continente.
En consecuencia, Europa deberá gestionar con prudencia esta nueva coyuntura y evitar dar por hecho que Washington ha recuperado plenamente su respaldo a Ucrania, y al propio continente europeo, en los mismos términos que en etapas anteriores.
