La UE afronta presiones crecientes en medio de crisis encadenadas

(VOVWORLD) - La Unión Europea (UE) se enfrenta a una creciente acumulación de presiones en un contexto marcado por crisis encadenadas. El bloque comunitario aún no ha logrado encontrar una salida al conflicto en Ucrania y continúa lidiando con tensiones persistentes con su principal aliado, Estados Unidos. A estos desafíos se suman los riesgos económicos y geopolíticos derivados de la posible expansión del conflicto en Oriente Medio.

Los líderes de los 27 Estados miembros de la UE se reúnen los días 19 y 20 de marzo en Bruselas (Bélgica) en una Cumbre cuyo eje inicial era reforzar la competitividad del bloque y mantener el apoyo a Ucrania. La evolución del escenario internacional ha obligado, sin embargo, a reajustar la agenda.

Presión desde Oriente Medio

El Banco Central Europeo (BCE) anunció este jueves, coincidiendo con la apertura de la Cumbre, una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento y al alza de la inflación para 2026, al tiempo que alertó de un posible choque energético vinculado al conflicto en Oriente Medio.

En concreto, se prevé que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de la eurozona se sitúe en el 0,9 % este año, por debajo del 1,2 % estimado en diciembre de 2025, mientras que la inflación se revisa al alza hasta el 2,6 %, desde el 1,9 % anterior.

El ajuste refleja el impacto del conflicto sobre los mercados de materias primas, la renta real y la confianza de los inversores. Europa se encuentra entre las regiones más expuestas por su dependencia del gas natural licuado (GNL) procedente del Golfo. El precio del GNL aumentó un 35 % el 19 de marzo y, de mantenerse esta tendencia, la capacidad de adaptación del continente será muy limitada.

Aunque resulta improbable una crisis energética de la magnitud de la registrada en 2022, cuando el gas superó los 340 euros/MWh frente a los más de 70 actuales, cualquier perturbación tendría un coste elevado.El presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), Marcel Fratzscher, evaluó: “En lo que respecta al impacto económico sobre Alemania y Europa, la duración del conflicto en Oriente Medio resulta menos determinante que la evolución de la situación en el estrecho de Ormuz. La cuestión esencial es si esta vía permanecerá abierta y garantizará un flujo regular de exportaciones de petróleo y gas. De ser así, los precios podrían moderarse con relativa rapidez y Europa no tendría que afrontar los actuales niveles elevados. Ello supondría un alivio considerable para la economía europea”.

Más allá del plano económico, el conflicto introduce un delicado factor político. Las críticas y advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, a varios países europeos que no respaldan a Washington en su pulso con Irán obligan a la UE a actuar con cautela. Concretamente, el bloque continental persiste en evitar una implicación directa y, al mismo tiempo, no deteriorar aún más unas relaciones transatlánticas ya tensionadas.

El director ejecutivo del Centro de Política Europea, Fabian Zuleeg, apuntó: “Más que centrarse en la formulación de políticas estructurales a largo plazo, los dirigentes europeos se ven hoy obligados a atender a la coyuntura inmediata y a tratar de articular una posición razonable, al menos compartida por la mayoría de los Estados miembros. En este contexto, puede entenderse la decisión de Europa de no respaldar al presidente Donald Trump en el actual conflicto en Oriente Medio”.

Fisuras en torno a Ucrania

El deterioro del entorno internacional y la presión energética complican además uno de los principales objetivos de la Cumbre: aprobar un paquete de préstamos preferenciales por valor de 90.000 millones de euros (más de 104.000 millones de dólares) para Ucrania.

Las divergencias entre Ucrania y dos miembros de la agrupación, Hungría y Eslovaquia, en torno al oleoducto ruso que atraviesa territorio ucraniano han llevado a Budapest a bloquear la iniciativa, pese a la presión del bloque.

En diciembre de 2025 Hungría había aceptado el mecanismo con la condición de que, junto con Eslovaquia y la República Checa, quedara exenta de aportaciones financieras. Los últimos acontecimientos indican, no obstante, un endurecimiento de su posición.

Este bloqueo vuelve a poner a prueba la cohesión interna de la UE en su política de apoyo a Ucrania. Dirigentes europeos han criticado con dureza la postura húngara y advierten que estas divergencias erosionan la capacidad de acción colectiva en un contexto que exige respuestas rápidas.

El canciller alemán, Friedrich Merz, advirtió:“Existe consenso en que no podemos aceptar lo ocurrido recientemente en el Consejo Europeo. Sus repercusiones trascienden con mucho este episodio concreto. Será necesario retomar el debate sobre este asunto, el paquete de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania, junto con sus disposiciones presupuestarias esenciales y otros aspectos conexos”.

Las tensiones internas no se limitan a este asunto. El conflicto en Oriente Medio y el riesgo de una nueva crisis energética también alimentan dudas dentro del bloque. El 14 de marzo, el primer ministro belga, Bart De Wever, afirmó que la UE “está perdiendo en todos los frentes” y abogó por poner fin a las tensiones con Rusia “en interés de Europa”.

A su juicio, la agrupación regional necesita simultáneamente reforzar su capacidad militar y normalizar sus relaciones con Moscú para recuperar el acceso a energía a bajo coste. Sostuvo además que muchos dirigentes comparten esta visión en privado, aunque “nadie se atreve a expresarla públicamente”.

Según los analistas, en un bloque continental que ha apostado por las sanciones como principal instrumento de apoyo a Ucrania, esta posición podría marcar un punto de inflexión, aunque por ahora no concita un respaldo explícito generalizado.

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