Diversificar las alianzas

La cumbre se celebró los días 29 y 30 de octubre en Montreal, provincia canadiense de Quebec.

La cita tuvo lugar poco más de un mes después de que Ursula von der Leyen propusiera, durante su discurso sobre el estado de la UE, pronunciado el 16 de septiembre, convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” del bloque. La iniciativa ha generado expectativas, aunque varios Estados miembros han planteado objeciones jurídicas. Ante estas discrepancias, Bruselas y Ottawa buscan una fórmula de consenso. El proyecto de declaración conjunta apuesta por “una asociación cada vez más estrecha entre Canadá y la UE, aunque sin llegar a la plena adhesión”.

La cooperación se articulará en torno a la Alianza para el Futuro, que impulsará proyectos en ámbitos como el comercio digital, las materias primas fundamentales, la energía, la tecnología y la lucha contra los incendios forestales. También se prevé ampliar las oportunidades de estudio, trabajo e investigación mediante el programa Erasmus+, así como explorar nuevas conexiones energéticas y posibles exportaciones de gas natural licuado (GNL) a Europa.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, destacó que esta iniciativa abrirá nuevas oportunidades para los ciudadanos y contribuirá a reforzar la soberanía nacional frente a los desafíos geopolíticos.

“La cuestión de fondo, y la razón por la que pusimos en marcha esta iniciativa, o, al menos, por la que yo la impulsé con la estrategia de seguridad nacional, es que esta nueva alianza no responde a una mera operación de imagen. Su denominación es lo de menos; lo verdaderamente importante es la complementariedad entre ambas partes, que nos permite consolidar nuestra soberanía y, al mismo tiempo, la de Europa”, enfatizó.

La UE es uno de los principales socios de Canadá en su estrategia de diversificación comercial. Ambas partes mantienen estrechos vínculos políticos y de seguridad, además de una sólida relación económica en el marco del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA). En 2025, el comercio bilateral de bienes y servicios alcanzó unos 130.000 millones de euros, un 80 % más que en 2016.

Un informe de TD Economics señala que una mayor integración económica con Europa reportaría beneficios “significativos” a Canadá. La eliminación de barreras en sectores como la defensa, la energía, las materias primas fundamentales y los mercados digitales podría incrementar el comercio bilateral en decenas de miles de millones de dólares. Este acercamiento cobra especial importancia en un contexto de tensiones con Washington. Por ello, Ottawa aspira a duplicar en la próxima década su comercio con socios distintos de Estados Unidos.

Desafíos compartidos

Esta estrategia coincide con la de Bruselas, que busca reducir su dependencia económica de grandes socios como Estados Unidos y China, así como reforzar su autonomía en materia de seguridad y geopolítica.

El Ártico es otro ámbito clave de cooperación. La UE quiere estrechar sus vínculos con Canadá en materia de seguridad regional ante la creciente presencia de Rusia, Estados Unidos y China en la región.

El pasado 19 de octubre, Bruselas presentó una nueva estrategia para el Ártico y, antes de la cumbre de Montreal, Ursula von der Leyen destacó la importancia de reforzar la cooperación con Ottawa al afirmar: “La restauración de la presencia militar rusa en el Ártico y su creciente influencia en la configuración de la seguridad regional tienen repercusiones tanto para la Unión Europea como para Canadá. Esta situación nos obliga a actuar y a revisar nuestra postura estratégica”.

Pese a sus intereses comunes, la UE y Canadá también deben gestionar sus relaciones con Estados Unidos, principal aliado de ambos. El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió de posibles medidas comerciales si el acercamiento entre Bruselas y Ottawa, calificado de “sin precedentes”, perjudicaba los intereses de Washington.

Según Wang Yaojing, profesor asociado de Economía de la Universidad de Beijing, la UE y Canadá quieren ampliar la cooperación en comercio, tecnología de defensa, materias primas fundamentales y seguridad en el Ártico. Sin embargo, la UE no puede sustituir a Estados Unidos, por lo que esta relación podría evolucionar hacia un marco de cooperación trilateral.

Por su parte, Mark Carney aseguró que las negociaciones comerciales con Washington avanzan favorablemente y ambas partes trabajan en un acuerdo para poner fin al conflicto comercial, un resultado que sería mutuamente beneficioso.