(VOVWORLD) - Tras un mes de estallido y una grave escalada, el conflicto en Oriente Medio entre Estados Unidos, Israel e Irán abre por primera vez una posible vía de resolución mediante el diálogo. Washington ha propuesto a Teherán un plan de 15 puntos destinado a poner fin a las hostilidades. No obstante, los riesgos de una escalada militar siguen siendo elevados.
El enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, interviene en una reunión de gabinete en la Casa Blanca en Washington el 26 de marzo de 2026. Foto: REUTERS/Evelyn Hockstein
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El enviado especial del presidente estadounidense, Steve Witkoff, confirmó oficialmente el 26 de marzo que Estados Unidos ha remitido el plan a Irán a través de Pakistán. Se trata, hasta ahora, del gesto más claro hacia un posible escenario de solución diplomática.
Primeras reacciones
Diversos medios occidentales ya habían adelantado en días previos la existencia de este plan, aunque sin detalles concretos. Según las primeras informaciones, Washington propone un alto el fuego de 30 días. A cambio, Irán debería desmantelar sus instalaciones nucleares en Natanz, Isfahán y Fordow, así como comprometerse de forma permanente a no desarrollar armas nucleares.
Asimismo, Estados Unidos exige que Teherán entregue su uranio enriquecido al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), acepte una supervisión total de su infraestructura nuclear restante y detenga cualquier actividad de enriquecimiento.
Otro requisito clave es que Irán limite el alcance y la cantidad de sus misiles y reabra el estrecho de Ormuz. A cambio, se levantarían todas las sanciones contra Teherán y se eliminaría el mecanismo de “snapback” de la ONU, que permite reimponerlas con rapidez. Además, Washington se comprometería a apoyar la producción de electricidad en la planta nuclear civil de Bushehr.
Witkoff declaró: “Evaluaremos si podemos convencer a Irán de que esta propuesta representa un punto de inflexión sin mejores alternativas. Hay señales claras de que podría ser una oportunidad real para poner fin al conflicto y, de alcanzarse un acuerdo, sería beneficioso para Irán, la región y el mundo”.
La reacción iraní se perfila ahora como el factor decisivo. La agencia de noticias Tasnim informó el 26 de marzo de que Teherán ya ha enviado una respuesta oficial al plan estadounidense, en la que subraya la necesidad de poner fin a las acciones militares en su contra y de garantizar que el conflicto no se repita.
Además, la República Islámica exige compensaciones por los daños sufridos, garantías de cumplimiento y el fin de los conflictos en todos los frentes vinculados a sus aliados regionales. Previamente, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Aragchi, afirmó: “Las propuestas estadounidenses ya han sido presentadas a las autoridades del país e informaremos sobre nuestra postura cuando lo consideremos oportuno. No obstante, la política actual de Irán es resistir y defenderse, sin intención de negociar por el momento”.
Según analistas, esta respuesta refleja una combinación de cautela y firmeza. Teherán podría estar dispuesto a un alto el fuego, pero no a cualquier precio.
Alto riesgo de escalada
La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de aplazar por segunda vez, hasta el 5 de abril, el ultimátum sobre posibles ataques a instalaciones energéticas iraníes ha otorgado más margen a la diplomacia, abriendo una ventana de oportunidad para el diálogo.
Sin embargo, según Daniel Levy, exasesor del Gobierno israelí, cualquier negociación entre Estados Unidos e Irán deberá tener en cuenta la posición de Israel, país que históricamente ha influido en este tipo de conversaciones.
Helicópteros de un portaaviones estadounidense participan en el ataque a Irán. Foto: REUTERS |
Por su parte, Michael Singh, exdirector para Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y actual director gerente del Instituto Washington, considera que aún existe una estrecha posibilidad de alcanzar un acuerdo limitado si ambas partes concluyen que el coste del conflicto es insostenible.
A pesar de ello, el riesgo de escalada sigue siendo elevado. Paralelamente a los esfuerzos diplomáticos, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en la región, con unos 40.000 soldados desplegados y miles de marines adicionales en camino. La Casa Blanca ha advertido, además, que intensificará los ataques si Irán no cede, lo que podría frustrar los esfuerzos diplomáticos desde una fase temprana.
Klemens Fischer, profesor de Relaciones Internacionales Geopolíticas en la Universidad de Colonia (Alemania), señaló: “A mi juicio, Estados Unidos e Israel podrían haber subestimado la capacidad de respuesta iraní. Irán lleva cuatro décadas preparándose para este tipo de escenario. Es posible que puedan imponerse en términos militares, pero el coste político podría ser extremadamente alto”.
Por su parte, las autoridades iraníes permanecen en alerta máxima. El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió sobre la posibilidad de una invasión contra una isla iraní con apoyo externo y aseguró que cualquier ataque será respondido con represalias contra infraestructuras estratégicas en la región.