En 1948, la tierra de Trung Khanh (actual comuna de Dinh Phong, provincia norteña de Cao Bang), vibraba con el espíritu de la resistencia. Allí, un adolescente tay llamado Sam Phuc Huong, apenas tenía 16 años. De baja estatura, pero con una voluntad firme, aquel joven de la región montañosa tomó una decisión arriesgada: declaró tener dos años más para poder alistarse, empuñar un arma y formar parte de las filas de quienes defendían el país.

Fue en aquellos días de lucha cuando nació el nombre de La Van Cau. Dos años después, con solo 18 años, aquel joven de rostro sereno participó en la histórica batalla del bastión de Dong Khe, durante la Campaña de la Frontera de 1950, donde una leyenda comenzó a forjarse en el límite entre la vida y la muerte.

La noche del 17 de septiembre de 1950, Dong Khe estaba envuelto en el estruendo de la batalla y el olor de la pólvora. El grupo de explosivos dirigido por La Van Cau recibió la misión de destruir el fortín enemigo. Cuando apenas quedaban unos metros para alcanzar el objetivo, una lluvia de balas cayó sobre los combatientes. Un proyectil le alcanzó la mejilla y otro le destrozó el brazo derecho.

En medio de la oscuridad, aquella herida no sólo puso en peligro su vida, sino que también le impedía continuar avanzando con la carga explosiva de 12 kilos.

Sin vacilar, La Van Cau pidió a sus compañeros que le cortaran la parte del brazo que había quedado gravemente herida. Con el brazo izquierdo, abrazó la carga explosiva, atravesó la trinchera, se acercó al fortín enemigo y activó el detonador. Una explosión estremeció el campo de batalla. El puesto enemigo quedó destruido.

Durante sus últimos años, cada vez que alguien recordaba aquella hazaña, La Van Cau respondía con una sonrisa humilde. En su rostro, marcado por el paso del tiempo, seguía reflejándose la sencillez de un hombre nacido en las montañas de Cao Bang.

Al recordar aquel momento, afirmó: “Para quienes fuimos soldados, las heridas en combate eran algo habitual; incluso estábamos dispuestos a entregar la vida. Al recordar la histórica batalla de Dong Khe de 1950, siento un profundo orgullo al ver que nuestro Ejército combatió con valentía y logró la victoria en la Campaña de la Frontera. En aquella contienda sacrifiqué parte de mi brazo derecho, pero junto con mis compañeros luchamos y vencimos al enemigo, contribuyendo a la liberación de la Patria y del país. Aquella fue la batalla de mayor significado en toda mi trayectoria como soldado”.

La serenidad con la que La Van Cau hablaba de su sacrificio revelaba la grandeza de una generación que consideraba la entrega a la Patria como un deber natural. Por su valentía, se convirtió en uno de los siete primeros combatientes del país en recibir, en 1952, el título de Héroe de las Fuerzas Armadas Populares otorgado por el Presidente Ho Chi Minh.

Tras el final de la guerra, el soldado regresó a la vida civil en Hanói. Trabajó en la Dirección Política General y posteriormente en el Museo del Ejército. Aunque se jubiló en 1996, el veterano continuó dedicándose al servicio público. Participó en las actividades del Frente de la Patria de Vietnam y mantuvo siempre una vida sencilla y cercana a los habitantes de la capital.

Los pobladores locales conocían bien la imagen de aquel anciano de sonrisa amable que acudía al Mausoleo del Presidente Ho Chi Minh durante las grandes celebraciones nacionales. Ante el lugar donde descansa el gran líder de la revolución vietnamita, La Van Cau conservaba la misma emoción del joven de 20 años que tuvo la oportunidad de conocer al Tío Ho.

“Cada vez que visito el Mausoleo del Presidente Ho Chi Minh, siento una profunda gratitud por la inmensa obra del Tío Ho, quien dedicó su vida a traer la independencia y la felicidad al pueblo vietnamita. Las generaciones actuales siempre recordamos y agradecemos sus grandes contribuciones. La juventud de hoy debe esforzarse, superarse y vivir dignamente para estar a la altura de la Patria”, manifestó.

Mientras vivía, el nombre de La Van Cau ya había sido elegido para denominar calles y escuelas en Hanói, Hai Phong, Ninh Binh y Ciudad Ho Chi Minh.

El soldado legendario La Van Cau ha partido ya hacia la eternidad, junto a sus antiguos compañeros de armas del campo de batalla de Dong Khe. Sin embargo, su espíritu de valentía permanece en la memoria histórica de la nación, como inspiración para las jóvenes generaciones de hoy.

“Escuchar directamente las historias de los testigos históricos es una actividad de gran valor educativo para fortalecer la conciencia política e ideológica de los jóvenes”, dijo un ciudadano.

“El ejemplo del señor es una gran fuente de motivación para que nosotros sigamos esforzándonos en el trabajo, los estudios y las actividades de voluntariado”, expresó una mujer.

El corazón del héroe La Van Cau dejó de latir el 24 de junio de 2026. Dedicó toda su vida al servicio de la Patria y del pueblo, fiel a la frase que dejó como legado: “Mientras el corazón siga latiendo, seguiremos combatiendo”.