En declaraciones a la prensa en Katmandú el 3 de septiembre, la coordinadora residente de la ONU, Lila Pieters Yahia, afirmó que la magnitud de la devastación es espantosa, lo que dificulta enormemente el acceso a las zonas afectadas. Las agencias de la ONU han proporcionado agua potable y kits de higiene, así como alimentos y medicamentos, apuntó.
Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nepal, Poudel Chhetri, declaró que el país ha movilizado todos sus recursos, pero que la magnitud y complejidad del desastre requieren solidaridad y apoyo internacionales. La magnitud de los daños causados en viviendas, carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y otras infraestructuras vitales es “inmensa”.
Según datos de China y Nepal, hasta las 19:30 del 3 de septiembre, 1.273 personas habían fallecido y 4.757 permanecían desaparecidas a causa de la catastrófica avalancha de hielo y rocas ocurrida el 26 de agosto. Entre los desaparecidos hay cerca de 600 extranjeros procedentes de al menos 34 países.
