Según la Agencia Nacional de Gestión y Reducción del Riesgo de Desastres de Nepal, a las 18:00 del 2 de septiembre, el número de fallecidos por el desastre ascendía a 1.204, mientras que más de 4.210 personas permanecían desaparecidas.

Los esfuerzos de rescate se centran actualmente en los túneles y las instalaciones hidroeléctricas a lo largo del sistema fluvial Bhotekoshi-Trishuli. Equipos de rescate especializados de India, China y Estados Unidos se coordinan con las fuerzas nepalíes para llegar a estas zonas.

Paralelamente a las operaciones de búsqueda y rescate, Nepal está abordando con urgencia las deficiencias de su sistema de monitoreo y alerta temprana ante desastres, puestas de manifiesto tras las riadas.

Las autoridades planean instalar sensores sísmicos, cámaras de vigilancia y un sistema de comunicación por satélite en Timure, distrito de Rasuwa, cerca de la frontera con China. Este sistema permitirá mantener la vigilancia incluso cuando se interrumpan las redes de telecomunicaciones habituales y proporcionará datos en tiempo real para emitir alertas tempranas a las poblaciones situadas río abajo.

En su intervención ante el Parlamento el 2 de septiembre, el primer ministro Balendra Shah afirmó que los fenómenos meteorológicos extremos en el Himalaya son cada vez más graves, mientras que Nepal contribuye muy poco a las emisiones globales, pero sufre consecuencias significativas y tiene una capacidad de adaptación limitada.

El 31 de agosto, el Gobierno nepalí solicitó oficialmente asistencia de emergencia al Fondo de Respuesta a las Pérdidas y los Daños, un mecanismo de financiación climática establecido en el marco de las Naciones Unidas, para hacer frente a las consecuencias de las inundaciones en Bhotekoshi.