Los Estados miembros deberán abordar numerosos desafíos, entre ellos el conflicto entre Rusia y Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y las dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la seguridad europea bajo la presidencia de Donald Trump.

Uno de los principales ejes de la cumbre será el fortalecimiento de la industria de defensa de la alianza, en el marco de una iniciativa conocida como la “revolución industrial de la defensa”. El plan prevé la firma de contratos y pedidos por valor de decenas de miles de millones de dólares con el objetivo de ampliar la capacidad de producción de armamento en Europa.

La situación en Ucrania ocupará también un lugar central en la agenda. Los delegados debatirán nuevas medidas destinadas a reforzar la asistencia militar y financiera a Kiev. Se espera que los miembros europeos de la OTAN, junto con Canadá, anuncien un compromiso de ayuda militar de 70.000 millones de euros (unos 80.000 millones de dólares) para este año y el próximo.

Los líderes de los países integrantes confían en que la declaración final reafirme el compromiso con el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, relativo a la defensa colectiva.

No obstante, los analistas advierten de que la capacidad de disuasión de la OTAN dependerá de que esos compromisos se traduzcan en una verdadera unidad entre los aliados. La cumbre de Ankara se perfila así como una prueba clave para el futuro de la mayor alianza militar del mundo.