Tras dos días de trabajo, los cancilleres no lograron consensuar posiciones sobre varias cuestiones clave de seguridad internacional. En lugar de una declaración conjunta, Estados Unidos, en calidad de presidente del G20, presentó un resumen de la presidencia que recoge prioridades como la seguridad energética y alimentaria, la libertad de navegación y la protección de las cadenas de suministro, pero no incluye nuevos acuerdos concretos.

La principal discrepancia giró en torno al conflicto en Ucrania y la participación del ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, invitado por su homólogo estadounidense, Marco Rubio. Los países europeos reiteraron su exigencia de que Rusia acepte un alto el fuego inmediato y rechazaron normalizar las relaciones con Moscú mientras continúe el conflicto.

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán también generó divisiones en la conferencia. Varios países expresaron su preocupación ante la posibilidad de que Washington reanude las operaciones militares contra Teherán, lo que podría desencadenar represalias y agravar la inestabilidad en Oriente Medio. La situación en el estrecho de Ormuz y otras rutas marítimas estratégicas plantea asimismo desafíos para la seguridad energética y el comercio mundial.

Otra cuestión controvertida fue la propuesta de incorporar a Polonia al G20.

Pese a la falta de una declaración conjunta, los participantes acordaron seguir trabajando para reducir sus diferencias de cara a la Cumbre del G20, prevista en Miami en el próximo mes de diciembre.