Etnia K’ho en las Tierras Altas centrales

(VOVworld) – Los K’ho, que se establecen en el sur de las Tierras Altas centrales (Tây Nguyên), forman parte de la comunidad de 54 nacionalidades vietnamitas.

Este pueblo, también llamado Cờ Ho o Kơ Ho, cuenta con unas 170 mil personas, concentradas en varias provincias altiplanas y meridionales, incluso en Ciudad Ho Chi Minh.

Practica una vida nómada, y durante su proceso de desarrollo, se van formando distintos grupos locales, como los Sre, T’ring, Chil, Lách y Dòn, entre otros. Su lengua pertenece al grupo mon-jemer, de la familia austroasiática. No tenía la escritura latina hasta hace poco.


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Los K'ho viven en la Meseta Occidental, en el centro de Vietnam

Estos aborígenes viven principalmente del cultivo y la crianza. También mantienen entre los oficios heredados por sus antepasados la soldadura y el tejido artesanal.

En cuanto al credo y la religión, aun mantienen acostumbres arraigadas, como dio a conocer el investigador sobre la cultura popular de Vietnam, Nguyen Van Doanh: “Desde tiempos remotos, los K’ho creen que su vida depende de las fuerzas supernaturales. Si el Yàng, que significa el cielo, representa el máximo ser divino que le protege, el Chà es la fuerza destructora. Este pueblo también rinde culto a los genios del Sol, la Luna, la Montaña, el Río, la Tierra y del Arroz. Hasta hoy día realizan rituales ancestrales en homenaje a estas deidades, coincidiendo con los acontecimientos trascendentales de su sociedad, tales como en las bodas y los funerales, además de marcar los distintos períodos de la producción”.


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Tienen un valioso acervo cultural

Los K’ho conceden mucha importancia al cultivo arrocero, por lo que celebran ritos solemnes para mostrar su gratitud a la Deidad del Arroz. Podemos mencionar las festividades de la siembra, del crecimiento y de la cosecha del grano. Su politeísmo se refleja además en las ceremonias que efectúan para invocar la lluvia y venerar el aguadero aldeano.

En lo que se refiere a su vida cultural, los K’ho disponen de un gran acervo folclórico, con una poesía de marcado romanticismo y gran musicalidad. Guardan muchos instrumentos musicales tradicionales.

Esta comunidad se divide en las “bon”, o aldeas, dirigidas por los caciques. Estos, llamados “Kuang bon” en el dialecto K’ho, son sinónimo de tradición y vida espiritual, factor que solidifica la unidad comunitaria. Las “bon” se administran según la estructura de comunas rurales, con marcadas huellas del régimen matriarcal.

Las viviendas tradicionales de los K’ho son construcciones alargadas de madera, levantadas sobre pilares, con el tejado doble y curvado, cubierto de paja. Casi todas las actividades de la familia, como comer, dormir y recibir a los visitantes, se desarrollan alrededor del fogón ubicado dentro de la casa.


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Muchachas K'ho en una casa tradicional sobre pilares

Según la tradición, la mujer es la que decide con quien va a casarse. Puede incluso raptar al marido. Después del casamiento, el hombre vive en la casa de sus padres políticos, mientras sus hijos llevan el apellido de su esposa y solo las hembras tienen derecho a la herencia familiar. En el pasado, la familia de la novia debía satisfacer siempre las demandas relativas a las dotes matrimoniales de la de su amado. Cuanto más fuerte es el muchacho, mayor valor han de tener las dotes. Sin embargo, actualmente se han eliminado las costumbres anticuadas. K’Brell, encargado de la cultura de la etnia K’ho explicó al respecto: “Los K’ho tienen hoy en día oportunidades de intercambio con los grupos mayoritarios Kinh y otras comunidades étnicas, por eso se han adaptado a los nuevos hábitos de la vida. Por ejemplo, si una pareja decide contraer matrimonio, la familia del novio puede plantear los obsequios de casamiento a la de su futura esposa como la tradición ancestral del pueblo, en dependencia de las condiciones de la otra e incluso puede prestarle apoyo”.

A pesar de los reajustes necesarios, esta etnia está consciente de la preservación de su idiosincrasia. Sus miembros también prestan mucha atención a la consolidación de la unidad familiar, la solidaridad entre los linajes, y a la protección de la tierra, los bosques y las fuentes de agua, considerándolos como propiedad común.

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