Muong Lum, antiguo nombre de una comuna, hoy integrada en la comuna de Chieng Hac, provincia de Son La, significa en lengua Thai “Muong del olvido” o “tierra olvidada”. Los ancianos cuentan que, durante mucho tiempo, este valle fue considerado una tierra “dormida” en medio de la inmensidad montañosa del noroeste. Su aislamiento geográfico, entre altas cordilleras y extensos bosques primarios, contribuyó a forjar esa imagen.

Pero Muong Lum no ha quedado atrapada en su nombre. Hoy, esta tierra despierta gracias a las políticas, decisiones e iniciativas concretas impulsadas por las autoridades locales. Entre ellas destaca la decisión de convertir el mercado de las tierras altas de Muong Lum, en Chieng Hac, en un producto cultural y turístico característico de la zona.

Cada fin de semana, desde las cumbres cubiertas de niebla y los poblados de Chieng Hac, los habitantes de las comunidades Thai, Mong y Dao cargan a hombros sus productos y emprenden el camino hacia un lugar ya familiar: el mercado de Muong Lum.

Junto a los arrozales, impregnados del aroma del grano, y a lo largo de una vía engalanada con banderas de vivos colores, se suceden los puestos que reflejan el carácter de las tierras altas. Allí se ofrecen productos cultivados, criados, cuidados y cosechados por las propias familias. Muchos pasan después nuevamente por sus manos durante la selección, el secado o la elaboración, siguiendo conocimientos transmitidos de generación en generación.

Por eso, cada puesto es mucho más que un espacio de compraventa. Evoca una cocina, una parcela de cultivo, un rincón del bosque; en definitiva, una parte de la vida cotidiana que baja de las montañas y encuentra su lugar en el mercado.

La comuna de Chieng Hac organiza esta edición bajo el lema “Regreso a la tierra de los recuerdos y la añoranza”. El encuentro crece en tamaño y también en animación. En el espacio habitual se han instalado decenas de nuevos puestos, cada uno con la personalidad de su propio poblado. La oferta abarca una amplia variedad de productos de montaña: verduras, tubérculos, frutas, cerdos, gallinas... Cada uno encierra una historia de tierra y cosecha, de estaciones y esfuerzo, de trabajo cotidiano en las comunidades de las tierras altas.

Entre puesto y puesto, Song A Lau, vecino del poblado de Dao, en Chieng Hac, presentó con entusiasmo la producción de su comunidad y repone rápidamente los artículos que los clientes van adquiriendo: “En un mercado como este lo vendemos todo. No queda nada para llevar de vuelta a casa. En el poblado de Dao cultivamos muchas cosas y prácticamente todas las familias tienen productos: maíz, sandía, judías, calabazas, berenjenas, chayote... Producimos para vender y queremos que nuestros productos lleguen a más gente. Por eso estamos muy contentos con este mercado: nos permite dar salida a los productos de nuestros vecinos. Además, aquí podemos darlos a conocer, para que la gente los pruebe y, si le gustan, haga pedidos directamente a las familias del poblado. Si los clientes lo necesitan, también podemos enviárselos en autobús o por correo”.

El aire fresco de la mañana trae también aromas familiares: arroz glutinoso, pescado a la brasa, banh chung (pastel de arroz glutinoso), carne seca ahumada sobre el fogón... Son sabores habituales en las mesas de las comunidades locales que aquí adquieren un atractivo especial y animan a los visitantes a quedarse.

Pham Quang Trung, procedente de la provincia central de Thanh Hoa, visitó por primera vez un mercado de las tierras altas y dijo lo siguiente: “Me gustan mucho estos platos porque conservan profundamente la identidad de la región. También he comprado muchos productos típicos: verduras, tubérculos, frutas de todo tipo... Me los llevo tanto para mi familia como para regalárselos a mis amigos. Basta con recorrer el mercado para sentir ganas de detenerse en cada puesto, probar algo, vivir la experiencia y conversar con la gente”.

En Muong Lum, el mercado cumple además otra función: recuperar y mostrar los espacios de la cultura tradicional de las comunidades locales. Junto al histórico árbol de banyán de Nong Luong, donde en 1948 se fundó la primera célula del Partido Comunista en el antiguo distrito de Yen Chau, los visitantes pueden contemplar a los hombres mayores dedicados a la cestería. A su lado, las mujeres de más edad trabajan ante los telares, concentradas en cada hilo. Son manos que han atravesado innumerables temporadas de cultivo y cosecha y que aún conservan la destreza necesaria para elaborar pañuelos pieu, blusas com, cestas, sillas de ratán o utensilios de pesca.

Quang Van Quyet, de 73 años, vecino del poblado de Luong, en Chieng Hac, explicó: “Desde pequeño veía trabajar a mi padre y aprendí de él. Aprendí a hacer cestas y canastos, a saber cuántas tiras había que utilizar para poder trenzarlos... Aprendí de mi padre y de mi abuelo. Si los mayores de nuestra generación no conservamos este oficio ni lo transmitimos a nuestros hijos y nietos, algún día ellos dejarán de conocerlo. Es algo que nos preocupa mucho. Ahora nuestros hijos y nietos estudian y trabajan y disponen de poco tiempo para dedicarse a estos oficios. Yo ya tengo una edad y quiero transmitir lo que sé a mis hijos y nietos. Quiero que las tradiciones de nuestros antepasados y de la comunidad Thai no desaparezcan; que se conserve todo aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana, de las montañas y los bosques y de las comunidades de las tierras altas. Conservar el oficio significa también preservar nuestra cultura y nuestra identidad”.

Desde algo tan cotidiano como un manojo de verduras, una gallina o una pieza de tela hasta la animación de los concursos de elaboración de banh day, un pastel de arroz glutinoso machacado, y de lanzamiento de tu lu, la vida de estas comunidades encuentra en el mercado una forma cercana de contar su historia. Habla de trabajo, de producción y de una identidad cultural que sigue viva.

Muong Lum se ha convertido así en un producto cultural y turístico característico, capaz de abrir nuevas vías de conexión y atraer recursos para el desarrollo del turismo.

Cao Xuan Dung, presidente del Comité Popular de la comuna de Chieng Hac, señaló: “La comuna considera prioritario aprovechar las capacidades y las ventajas de la población local. Por ello, estas actividades contribuyen a poner en práctica nuestras políticas y orientaciones de inversión y desarrollo. Nuestro objetivo es que los habitantes de esta zona cambien su manera de pensar y conviertan su identidad y su cultura en un valor económico. En el futuro organizaremos cursos de capacitación para que la población comprenda el valor de aquello que la distingue y conozca cómo puede convertir esas particularidades en oportunidades económicas”.

En Muong Lum, cada puesto, cada producto, cada plato, cada historia compartida por sus habitantes y cada par de manos que preserva un oficio y una identidad cultural cuentan la misma historia: la de una tierra que busca su futuro a partir de aquello que le es más propio. El mercado de la “tierra olvidada” dejará de ser solo un recuerdo. Muong Lum despierta para convertirse, muy pronto, en una “tierra de recuerdos y añoranza”, un nuevo punto de encuentro para quienes aman las tierras altas del noroeste de Vietnam.